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El camino es construir
Foto: Claudio Peláez Sordo.
Foto: Claudio Peláez Sordo.

Hablar de relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha sido y es un asunto delicado, lo mismo en La Habana que en Miami. Ser partícipe, pionero, abogar por la mejoría de las relaciones, sin importar las buenas intenciones, o que se haya hecho de esta gestión un proyecto de vida, no importa cuánto se haya entregado y arriesgado; parece ser un insulto, una provocación, una amenaza.
En Miami, por ejemplo, quienes espontáneamente nos ocupamos de esto, desde mucho antes del 17 de diciembre de 2014; hemos sufrido acusaciones, cuestionamientos, amenazas, atentados, y algunos perdieron hasta la vida. No ha sido fácil ni comprendida esta gestión, que sin embargo, ha sido necesaria y positiva. Sin todos estos años de esfuerzos hubiera sido muy difícil llegar a donde estamos. Miami hoy es muy diferente y la gran mayoría piensa como aquellos pocos que trazaron el camino.
En La Habana también la mayor parte del pueblo apoya el restablecimiento de las relaciones, y lo ve con justicia, como un triunfo propio. Sin embargo, en contraste a la actitud y el carácter conciliador, tolerante, reformista, existente antes de la visita del presidente Obama a Cuba; allí donde se debería aprovechar este cambio de clima político, de mentes y corazones, desde donde se deberían construir puentes, parece cultivarse la sospecha. No deseo generalizar, hay mucha gente buena y capaz haciendo un formidable trabajo, pero hay otros que prefieren la marcha atrás, promueven el divisionismo, la intolerancia, el oportunismo y la incoherencia política.
Algunos opinan que el entorno actual es el nacimiento de una nueva Cuba, que es una crisis temporal. Decía Bertolt Brecht que las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. En todos los procesos de evolución hay muertes y nacimientos, algunas cosas quedan, otras no. ¿Será ese el proceso que vive Cuba hoy?
Otros aseguran que el despliegue de la actual avalancha extremista no es más que un ejercicio de opiniones encontradas que demuestran una Cuba cambiante y más democrática. Quizás sea cierto, hoy hay que conciliar criterios más diversos; sin embargo, no es suficiente.  No es saludable la marcha atrás en las relaciones entre La Habana y Washington, hay que responsablemente detener a quienes así lo prefieran. En vez de acusar, ofender y dividir, hay que conversar, motivar y unir. Hay que superar y conciliar las diferencias, equilibrar los derechos a la verdad, la justicia y la reconciliación.
Mandela pocos años después de su liberación, en medio de una crisis que promovía la venganza y el separatismo, dijo: “Se esperaba que nos destruyéramos mutuamente y colectivamente en la peor conflagración racial. En cambio, como pueblo elegimos el camino de la negociación, el compromiso y la solución pacífica. En lugar de odio y venganza, elegimos la reconciliación y la construcción de la nación”.

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