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Ana de Armas: Una cubana a la conquista de Hollywood

A Ana de Armas la conocí durante el rodaje de Una rosa de Francia, filme que protagonizó bajo la batuta de Manuel Gutiérrez Aragón. Desde aquel entonces, este afamado cineasta vaticinó el éxito de la joven actriz.

En Cuba actuó en tres películas y ya va por cuatro en Hollywood. Ana es muy conocida en España, país donde ha desplegado gran parte de su carrera. Ha pasado más de una década desde su debut y una docena de filmes y varias series televisivas han contado con sus interpretaciones, y con gran éxito. Ana no ha parado de ser requerida por directores de medio mundo, desde España hasta Hollywood, pasando por Latinoamérica y Europa.

Ahora vive en Los Ángeles, se ha mudado a la llamada meca del cine para continuar con su carrera. Es la primera actriz cubana en insertarse en la élite de la codiciada industria norteamericana. Nació en Santa Cruz del Norte, a finales de los años ochenta, y defiende su cubanía en cualquier sitio en que se encuentre. De este lado del mundo también acapara portadas, ahora es el turno de OnCuba con la que conversó en exclusiva.

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Aun siendo estudiante de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en Cuba, fue seleccionada por Manuel Gutiérrez Aragón para protagonizar Una rosa de Francia ¿cuánto ha influido ese momento en su vida?
A Una rosa de Francia, a Manuel Gutiérrez Aragón, Jorge Perugorría, Tamara Morales (directora del casting), a todas y cada una de las personas involucradas en este proyecto les debo haber descubierto de forma tan libre y apasionada que es actuar en el cine. Esta película me enseñó todas las reglas de un rodaje, la disciplina, el estudio, los madrugones, el respeto por cada uno de los miembros del equipo y, por encima de todo, a darme cuenta de lo afortunados que somos por hacer lo que nos gusta y vivir de ello. Esto, cuando lo experimentas a los 16 años, te puede asustar o te puede llenar de coraje y hambre de más. Pues yo quería comerme el mundo. Además, me abrió una gran puerta en el mercado español, que más adelante me acogería y me daría trabajo por muchos años.

También trabajó con Fernando Pérez, uno de los más reconocidos cineastas cubanos. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
Fernando Pérez es una de las mejores personas que he conocido a lo largo de toda mi vida. Un hombre con un corazón enorme que no hace más que reflejarse en cada una de sus obras. Todavía recuerdo, como si fuera hoy, el día de la audición, Fernando me susurró unas palabras al oído, creo que explicándome la escena; honestamente no estoy segura porque lo único que se me quedó grabado fue el tono de su voz, dulce y melancólico. Su voz fue mi motivación. Stella Maris fue mi segunda experiencia en el cine, junto a Luis Alberto García, otra de las personas a las que más quiero y que más me ayudó en mis inicios. Fue una experiencia corta, sí, tenía un personaje pequeño pero di lo mejor de mí y disfruté muchísimo. En esta ocasión en la escuela de teatro no me dieron permiso para rodar, así que tuve que escaparme varias tardes para poder rodar de noche y después al día siguiente me quedaba dormida en las clases. ¡Valió la pena!

¿Cómo y cuándo llega España?
Llegué a España cuando terminé la escuela de teatro. Bueno… teóricamente no terminé la escuela, me tuve que ir antes de hacer mi tesis final. Tenía 18 años y sentí que era el momento de dar un paso más hacia adelante. Mis padres me apoyaron en todo, siempre lo han hecho. No recuerdo haberlo pensado mucho, en parte por no saber lo que es vivir y sobrevivir en otro país, y en parte porque casi nunca cuestiono lo que me dice mi instinto. Me fui con 200 euros que había ahorrado de la última película que hice en Cuba, El edén perdido, y le dije a mis padres, cuando se me acabe el dinero regreso. Por supuesto, eso no pasó, el dinero se me acabó después de la primera semana, y no volví.

Cuando la seleccionaron para El internado, ¿era consciente del éxito que le aguardaba?
Conocí al director del casting de El Internado a las dos semanas de haber llegado a Madrid. Y creo que puedo afirmar, que ni él, ni yo, ni nadie, se podía imaginar el éxito tan grande que tendría la serie. Y por supuesto, a nivel personal, lo que eso significaría para mí estaba muy lejos de mi entendimiento.

En varias revistas y sitios de Internet se le reconoce como una actriz española, sin embargo defiende su identidad por encima de sus años de experiencia en ese país. ¿Qué significa para Ana de Armas ser cubana?
Simplemente no se puede negar lo que uno es. Haber nacido en Cuba es parte de mi identidad, no una etiqueta. Siempre he estado orgullosa de haber nacido y haber sido criada allí, por el valor personal que tiene, por la conexión emocional que hay, porque respeto mis raíces y a mis padres. Porque las experiencias buenas y malas que viví me formaron y me convirtieron en quien soy hoy día. Estaría igual de orgullosa de haber nacido en otro país, si tuviera los mismos padres y los amigos que tengo en Cuba, con los que crecí. Eso es lo que significa Cuba para mí, Cuba es mi hogar porque es donde está mi gente.

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¿Ha pensado regresar a rodar en Cuba?
Lo he pensado muchas veces, es algo que siempre he tenido presente. Incluso les he pedido a amigos que corran la voz para que los directores sepan que estoy dispuesta a volver para trabajar. Es cierto que ha habido épocas donde he estado rodando por largo tiempo y cuando he tratado de compaginar proyectos, la distancia es algo que no ha jugado a favor. Después de tantos años entiendo que se ha perdido la conexión, en parte debido a como funcionan las cosas en Cuba, donde no existe la figura del agente o representante y, por tanto, no tienes un punto de contacto; también creo que los directores o productores cubanos dan por hecho que recibirán una respuesta negativa y ni siquiera intentan un acercamiento. Es una pena, porque realmente estoy abierta a escuchar ideas y propuestas y contribuir a nuestro cine. Sin dudas, me gustaría formar parte de la historia del cine cubano.

¿Por qué se muda a Hollywood y asume el reto de volver a empezar?
Me mudé a Los Ángeles porque mi instinto me dijo que era hora de moverme, de ponerme a prueba, de soñar más grande. No estaba tan convencida de estar lista para el reto, pero pensé: si le sigue dando muchas vueltas nunca te parecerá el momento adecuado, así que me fui. Para mí volver a empezar es bueno, es otra oportunidad, es aprendizaje, es demostrarme a mí misma que soy fuerte y puedo con todo, es la ambición de querer ser mejor persona y artista, y a eso no le tengo miedo. Hollywood es duro, la industria es gigantesca y la probabilidad de que no te vea y te pisotee es de igual tamaño, y Los Ángeles puede ser una ciudad muy solitaria, pero si tienes las ideas claras y trabajas duro, se abren grandes oportunidades ante ti. El idioma y el ser aceptada culturalmente por la industria era lo que más me preocupaba. De momento parece que todo va saliendo bien, aunque nunca se sabe, no hay nada probado.

¿Cuán complejo le ha resultado modificar su acento cubano en el cine español, y ahora desenvolverse con el inglés?
Cuando llegué a España y empecé a trabajar en El Internado, tuve la gran suerte de que todos los realizadores de la serie estaban de acuerdo con mi acento. Ahora con el inglés es otra historia. No solo es el acento, es el idioma en sí. Así que, en este caso, sí estoy trabajando en ello. No quiero limitarme a personajes latinos, quiero abarcar un rango mucho más amplio. Tomará tiempo, pero yo no lo vivo como algo negativo, todo lo contrario, lo veo como si estuviera aprendiendo a utilizar un nuevo súper poder. Si he llegado al lugar donde hay acceso a los mejores proyectos del mundo, no será mi acento el que me frene.

¿Qué ha significado para usted trabajar con los consagrados Robert de Niro y Keanu Reeves?
Es difícil de explicar… es literalmente una locura. Por supuesto que lo soñé mil veces, pero nunca pensé que se haría realidad. Son actores que he admirado desde niña, crecí viendo sus películas y, poco tiempo más tarde, estoy en el mismo set de rodaje, compartiendo plano con ellos. Es difícil de procesar. Me siento inspirada, que tengo algo que aportar, me siento orgullosa y que mi carrera poco a poco va creciendo, pero al mismo tiempo da vértigo. No sé, supongo que ha significado la señal de “no te rindas”.

¿Cómo asume la fama, él éxito y cómo ha aprendido a vivir con todo esto?
La fama y el éxito nunca son una constante, así como la gente que se te acerca o desaparece según les convenga, siempre he tenido eso muy claro, y siempre les he dado la importancia justa. Creo que los primeros años de mi carrera fueron los de más cambio y los más críticos por el impacto de la fama en mi vida personal. Pero el hecho de estar siempre conectada con mis padres, con mis amigos y las muchas visitas que hice a Cuba, me han mantenido cerca de la realidad. Mi familia es lo que me hace pensar cada día en lo que realmente es importante en la vida. Mi vida no ha cambiado mucho, aunque a veces es difícil ignorar que la gente te mira o persigue por la calle, intento seguir con mi rutina y en mi mundo. Ahora en EE.UU. todo ha vuelto a la calma, aquí soy invisible otra vez, así que estoy disfrutando mucho de ello porque imagino que no será así para siempre. Cuando las cosas cambien ya veremos qué pasa, pero ya sé qué esperar, y será imposible que me deslumbre.

ANA DE ARMAS,GRAN EXPECTACION EN EL ESTRENO DE " POR UN PU¿ADO DE BESOS "
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