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Lo que más vale de Cuba: su gente
Foto: Raúl del Pino Salfrán
Foto: Raúl del Pino Salfrán

Ya se cumple un año del llamado 17D, día trascendental en el que los gobiernos de EE.UU. y Cuba dieron a conocer al mundo la decisión de restablecer relaciones diplomáticas y de avanzar en un proceso de normalización que deje atrás el embargo y la hostilidad. Hoy el mercado de la Isla se muestra bien interesante para inversionistas y empresarios norteamericanos.

La Universidad de Pennsylvania y Momentum, [email protected], en colaboración con OnCuba, organizaron el pasado noviembre, un viaje de cuatro días para empresarios norteamericanos, como parte de la Misión Saber, iniciativa para explorar posibilidades de inversión en la Isla.

Wharton ha coordinado importantes conferencias sobre Cuba, en las cuales he participado como conferencista: la Cumbre Cubana de Oportunidades, la Cumbre del Consejo Corporativo Cuba-Estados Unidos, y la Cumbre de Infraestructura, Finanzas e Inversión en Cuba.

Ya les había advertido a mis amigos de Wharton y Momentum, que era imprescindible que los participantes y protagonistas de estas conferencias visitaran Cuba. No se puede hablar seriamente de un país y menos de posibilidades e intenciones de invertir en él sin conocerlo, respirarlo, intercambiar con su gente. Es necesario entender quiénes somos como nación, como pueblo, nuestra cultura, idiosincrasia y tener contactos y charlas con funcionarios, en especial con los encargados de llevar a cabo las reformas económicas y con los responsables de la inversión extranjera.

Wharton escuchó y vino a Cuba con un grupo de ejecutivos, empresarios, inversionistas y representantes de algunas de las empresas más importantes de EE.UU. Tuve la oportunidad de acompañarlos durante todo el viaje y en las intensas reuniones, conocerlos –ya conocía a la mayoría–, interactuar, observarlos mientras comprendían Cuba. Después de casi una semana vi que quedaron convencidos de algunas cosas fundamentales:

Que no es arrogancia cuando decimos que Cuba es un país maravilloso, útil, fértil en todos los sentidos. Que las oportunidades, tal como he dicho muchas veces, son infinitas. Pero Cuba es un país con características muy peculiares donde, por ejemplo, el dinero tiene menos valor que la confianza; y la confianza y las relaciones humanas son vitales para materializar una gestión de inversión. Que existe un embargo económico crudo y real –ellos no tenían idea de las consecuencias–, con un impacto crudo y real no solo en la macroeconomía, sino directamente sobre quien más vale: la familia cubana.

En mi opinión, el aprendizaje profundo de estos hombres y mujeres de negocio después de esta visita a la Isla, fue que el “activo” más importante –hablando en términos contables–, el “valor esencial” a las oportunidades, es y será el pueblo de Cuba, la gente, los protagonistas de los cambios.

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