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Marta Estévez: “En la pobreza puede haber mucho amor”
Martha Estevez

En la puerta de Marta Estévez, en el capitalino barrio de 10 de Octubre, había un cartel el día en que fuimos a entrevistarla: “No atenderemos hasta nuevo aviso, por favor, no moleste”. Tocamos a la puerta y nos abrió la mismísima Marta, maquillada como una estrella cinematográfica de los años cincuenta: pestañas largas, rostro pálido, labios encarnados…

—Buenas tardes, pasen, los estaba esperando.

—Pero usted luce muy bien, es muy hermosa —la piropeó el fotógrafo.

—Una no se puede dejar caer, mi amor. Yo soy una artista. Y el artista lo es desde que se levanta.

La casa de Marta Estévez es sólida pero pequeña, sin grandes alardes. Teniendo en cuenta la cantidad de personas que vienen a ver a Marta para que ella les lea el futuro o les aconseje qué hacer ante las tantas disyuntivas de la vida, teniendo en cuenta la extraordinaria popularidad de esta mujer en la barriada y más allá… uno podría esperar hasta una mansión. Pero es una casa común y corriente; eso sí, muy decorada, bien equipada.

“Yo fui una niña muy pobre, sin juguetes. Por eso quizás me gusten tanto las muñecas y los peluches. Tengo muchos, como pueden ver. Esta –señala una muy estilizada, de larga falda roja– es mi gitana”.

Nos sentamos ante la mesa.

—Aquí es donde yo consulto.

—¿La usa también para comer?

—No, solo para consultar –responde y pestañea coqueta–. Dime, ¿estoy linda?

—Está preciosa.

—Entonces ya estamos listos para la entrevista.

Foto por Alain Gutierrez
Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida

“Yo a veces me cojo miedo”

—Marta, ¿cuál es su don?

—Yo me adelanto mucho al futuro. Yo puedo ver el pasado, el presente y el futuro de la persona que tenga delante. Es un don que nació conmigo, se me reveló siendo niña.

“La maestra llamaba a mi mamá para darle quejas de mi comportamiento. No es que me portara mal, pero me costaba concentrarme. Me daban ataques de risa, sin causa aparente. Y decía cosas, las cosas que yo veía, como si fuera una película, y después pasaban. Por esa razón no pude terminar la escuela”.

—Pero, ¿cómo tiene esas visiones?, ¿las sueña?

—Yo sueño mucho, y a veces los sueños tienen sentidos muy claros. Pero otras veces sencillamente tengo la visión. Veo a la persona y me vienen a la mente las ideas, sin que me cueste, es natural.

“Fíjate, no es nada religioso, nada místico. No es santería. No es fanatismo ni nada que se le parezca. Me han estudiado muchos psiquiatras y ellos tienen sus teorías. Yo no sé de eso. Yo solo sé que las cosas se me revelan.

“No es algo que yo escogí hacer. Imagínate, yo misma a veces me cojo miedo. ¿Te imaginas poder prever hasta la muerte de tus seres queridos? Eso me pasó con mi madre, con un hermano, con mi esposo. Puede ser muy duro.

“Afortunadamente ese don también me ha servido para salvar a algunas personas, que están ahí para contarlo”.

—¿Alguna vez le ha pesado ese don? ¿Alguna vez ha intentado desconocerlo?

—Ya te digo: a veces no quiero saber nada. Pero lo tengo comprobado, si dejo de trabajar, me enfermo.

Foto por Alain Gutierrez
Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida

“Tú eres la faraona de Cuba”

Marta Estévez nos muestra sus álbumes de fotografías y recortes. Ha sido entrevistada por muchas revistas y periódicos en varios países. El director cubano Pastor Vega (1940-2005) leyó una de las entrevistas y fue a conocerla. Marta fue la inspiración para su película Las profecías de Amanda (1999), protagonizada por Daysi Granados.

“La película me hizo famosa. Gracias a ella viajé mucho. Conocí, por ejemplo, España. Fui hasta la tumba de Lola Flores, vestida de Faraona. Esto lo he contado muchas veces: a mí Lola Flores se me apareció en sueños y me dijo: ‘Yo soy la Faraona de España, y tú eres la Faraona de Cuba’. Todo eso está en la película de Pastor.

“Pero la verdad es que el personaje que hizo Daysi y yo no nos parecemos mucho. Era muy vulgar, un poco grosera. Yo soy muy educada. Y tengo mejor gusto: si me pongo una falda roja, la combino con una blusa blanca. Algunas cosas que cuenta la película tampoco tienen que ver con mi vida”.

“Mucha gente me dijo que yo personalmente debía haber protagonizado esa película, que se tenía que haber llamado ‘Las profecías de Marta’. Pero, de todos modos, la filmación coincidió con un momento muy malo de mi vida, con muchos problemas”.

“Yo soy una mujer sincera”

—¿Usted dice lo bueno, lo malo y lo regular? Si ve algo trágico, ¿se lo cuenta también a la persona?

—Yo soy una mujer sincera, no me permito engañar a nadie. Si preguntas, si quieres saber, tienes que tener claro que puede aparecer algo malo. Yo trato de no atormentar a las personas, por eso pienso mucho lo que les digo.

—¿Por qué usa cartas? ¿Para qué las necesita?

—Las cartas me ayudan. Me agotan menos el cerebro. Esto cansa mucho, como podrás suponer… Pero no las necesito para ver lo principal. De ti mismo estoy viendo ahora mismo muchas cosas, ¿quieres que te diga?

—La verdad es que no…

—No te preocupes, no es nada malo. Tú estás ahora mismo más nervioso que yo.

De repente, sin causa aparente, Marta comienza a reírse. Una carcajada sostenida, que se extiende por más de un minuto.

—¿Ves? –dice cuando se recupera–; me sigue pasando. Es la misma risa de mi infancia. De esa risa surgió todo.

Foto por Alain Gutierrez
Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida

“Mejor pan con gusto que gallina con disgusto”

A estas alturas, Marta Estévez es una mujer que ha visto mundo. —He viajado a España, a México, a los Estados Unidos… Le doy gracias a Dios por esa oportunidad. Me gustaría mucho que mis hijos pudieran viajar también, para que vean todo, lo bueno y lo malo.

“Pero yo te digo, no cambio a Cuba por ningún país del mundo. Yo me quiero morir aquí. Yo no entiendo nada de política y por eso no me meto con la política, pero te aseguro que aquí la gente conserva sus valores. En la pobreza puede haber mucho amor. El mismo amor que a veces no hay en la riqueza. Mejor pan con gusto que gallina con disgusto.

“Yo aquí lo tengo todo, esta es mi casa. Yo vivo para mi familia, para mis hijos y nietos…”

—Y para el arte, supongo.

—A mí me hubiera encantado ser artista profesional, trabajar en las películas. La vida me llevó por otros rumbos, pero esa es mi vocación, el sentido de mi existencia. ¿No se me nota? El arte me sale por los poros. Lo otro, ya te digo, es un don que no pedí, y por eso mismo no le puedo dar la espalda. Y vamos, que te voy a contar ahora unas cuantas cosas de tu vida…

Foto por Alain Gutierrez
Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida
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