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Una vacuna cubana contra el cólera
Foto: Dario Leyva
Foto: Dario Leyva

El Dr. Rafael Fando, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), es el investigador principal de la vacuna contra el cólera. Trabaja en ello desde que era un estudiante y continuó después de graduarse, en 1993. El CNIC cumple medio siglo de existencia y el promedio de edad de los científicos es de 40 años. Desarrollan investigaciones biomédicas sobre productos naturales, estudios medioambientales y productos biológicos para prevenir enfermedades infecciosas.

¿Por qué trabajar en una vacuna contra el cólera, una enfermedad que prácticamente no tiene incidencia en Cuba?

Fue una idea de Fidel, en el año 91, cuando comenzó la epidemia en Perú. Eran los años más difíciles del Período Especial (crisis económica) que atravesaba Cuba. La idea surgió porque ninguna farmacéutica se dedicaría a trabajar en este tema, no es una vacuna que pueda generar grandes dividendos. Varios centros de investigación iniciamos el trabajo, algunos con variante inactivada, y nosotros con una vacuna viva, para ser administrada en una sola dosis. Las vacunas contra el cólera tienen destinatarios pobres, de países subdesarrollados, por lo que lo ideal es que baste con una sola dosis.

El trabajo para esta vacuna ya tiene casi 25 años, ¿por qué tanto?

Cuba no dispone de suficientes recursos para dedicarlos a desarrollar aceleradamente una vacuna para una enfermedad que prácticamente no padecemos en este país. Hemos ido avanzando en la medida en que ha habido financiamiento. Los primeros candidatos vacunales se obtuvieron en el 96, y ese mismo año iniciamos ensayos clínicos. En el 2006 logramos hacer un ensayo, en Mozambique, pero luego el proyecto quedó detenido y lo retomamos en el 2013, cuando logramos financiamiento para echar a andar este costoso sistema de evaluación de las vacunas.

Cuando llegó el cólera a Haití, y tuvimos algunos brotes en Cuba, retomamos el trabajo en coordinación con el Instituto “Finlay” (para poder obtener lotes experimentales de la vacuna), y con el Instituto “Pedro Kourí” (encargado de la evaluación clínica).

¿Nunca han recibido apoyo internacional?

Nunca. Los créditos de este proyecto son netamente cubanos, excepto el ensayo de Mozambique, donde hubo un copatrocinio con el Ministerio de Salud de ese país.

Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida
Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida

La OMS cree que la vacuna cubana es importante para Haití, ¿por qué?

Allí se sufre una amplia epidemia de cólera y, coincidentemente, la vacuna que hemos estado desarrollando tiene el mismo serotipo que la cepa que incide en Haití. Nuestra vacuna tiene la ventaja de que, si la administras adecuadamente, da protección contra la infección subsiguiente.

¿Qué tan largo es el camino que queda para poder disponer de la vacuna?

Tenemos que terminar los ensayos clínicos de fase 2, tendríamos que hacer después una fábrica que garantice la producción necesaria y, además, habría que precalificar la vacuna, o sea certificarla por la OMS. Necesitamos ubicar un escenario donde haya un desarrollo de cólera suficiente como para poder evaluar nuestra vacuna en un estudio de fase 3, donde se mide también seguridad pero, sobre todo, eficacia. En nuestros ensayos, la vacuna ha generado una protección del 100 % contra el cólera y, en el 80 % de los casos, ha prevenido la infección del individuo como consecuencia de la bacteria, con lo cual evitamos que se trasmita la enfermedad, actuando como una barrera.

Si ya hay vacunas en el mundo, ¿por qué no utilizarlas?

Porque son vacunas que se utilizan en el mercado de viajeros, una dosis cuesta 40 euros y se necesitan 2 dosis. No es una vacuna que puedan utilizar los países que tienen cólera, que son los más pobres.

¿Cuánto costaría la vacuna cubana?

Nuestra vacuna podría competir con la de la India que requiere 2 dosis y cuesta unos 3,70 dólares cada dosis. En Haití se administrarán 300 mil dosis de esa vacuna, con un gasto total de 3 millones de dólares, una cantidad de dinero que no es factible para los países que padecen cólera. La ventaja de la nuestra es que podríamos tener mejor precio y, al administrarla en una sola dosis, nos ahorraríamos una campaña de vacunación, que es más cara que la vacuna misma.

Las relaciones con EE.UU. ¿podrían facilitar algún tipo de colaboración?

Sin dudas, va a facilitar mucho el intercambio académico. En 1999 viajé a EE.UU. a un congreso del cólera, pero en todas las demás ocasiones en que he sido invitado me han negado la visa. Espero que ahora logremos mejores conexiones y hasta inversiones para poder desarrollar este producto. Hoy podemos hacer en Cuba lotes de hasta 4 000 dosis pero eso no es suficiente. Está prevista una pequeña inversión destinada a obtener hasta 250 mil dosis al año, que tampoco será suficiente. Estamos proyectando en la zona de Mariel una planta para lograr una inversión externa. Nos harían falta unos 40 millones de dólares, y con esos recursos podríamos tener la vacuna en un mínimo de 3 años.

Equipo creador de la vacuna contra el cólera. /Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida
Equipo creador de la vacuna contra el cólera. /Foto: Alain L. Gutiérrez Almeida
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