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El cubano Formell
Juan Formell / Foto: Iván Soca.
Juan Formell / Foto: Iván Soca.

“Tía, estoy en la Casa de la Música. Pararon el concierto. Elito (Revé) dijo que Formell había muerto. Hay músicos y gente llorando. Yo no me lo creo”. Fue así que lo supe, a través de un sms. Después vinieron el duelo, los homenajes, pero aún me parece que romperá el silencio tras el cual otras veces también ocultó trances difíciles de su vida. Entonces lo imagino listo para contestar aquellas preguntas que me quedaron en el tintero.

Juan Formell fue siempre un caballero, incluso en medio del estrés de un concierto. Lo demostró varias veces: en el Concierto por la paz, en La Tropical… En una ocasión, durante la clausura de un Festival Benny Moré en la más grande plaza cienfueguera, lo vi acosado por unos travestis fanáticos de Los Van Van: “Maestro, llámenos a la tarima”, le decía enfático Lázaro, el más desinhibido del grupo. “Yo no puedo hacer eso

–contestaba Formell sin perder la calma–. Esto es muy pequeño, sigan gozando en primera fila”, y reía feliz.

Se paseó entre nosotros como un simple mortal, aunque una parte de él no lo fuera. Cuando ya era un consagrado, y le llovían títulos y premios, seguía colocando en primerísimo lugar a los bailadores. Así me lo ratificó en la última entrevista que le hice, parte de la cual transcribo ahora para los lectores de OnCuba:

Juan Formell / Foto: Iván Soca.
Juan Formell / Foto: Iván Soca.

A finales del pasado año, en la ciudad estadounidense de Las Vegas, Juan Formell Cortina (1942-2014), Premio Nacional de Música de Cuba, recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical. Junto a él fueron reverenciados el venezolano Oscar de León, la colombiana Totó la Momposina, el español Miguel Ríos, el argentino Palito Ortega y el puertorriqueño Eddie Palmieri.

El empuje de la agrupación fundada por Formell en 1969 había llegado a bailadores del mundo entero. Músicos, expertos y productores de la Academia de Grabaciones de los Estados Unidos también cayeron rendidos ante esa sonoridad de Los Van Van, la misma que acrisoló lo moderno con la tradición y suena vital.

Semanas antes había recibido otro gran premio, el Womex (World Music Expo), en Cardiff, Gales, Reino Unido. Se lo dedicó a todos los músicos que hacen su trabajo en el Tercer Mundo, “ajenos al mundo de las grandes disqueras y los mercados, pero con tesón y profesionalidad”, dijo entonces.

A propósito de estos premios, directivos del catálogo Clave Cubana, de Artex, al que pertenecen Los Van Van, organizaron un encuentro con la prensa en el Delirio Habanero. Formell llegó sonriente, como siempre, acompañado por su esposa, entonces embarazada. En las manos sostenía la frágil figura de arcilla que distingue al Womex. Un momentáneo caos en la sala facilitó que me acercara, grabadora en mano, y pudiera guardar estas declaraciones.

A estas alturas nadie cuestiona que cada uno de los discos de Los Van Van contienen una porción de Cuba y de lo mejor de la música popular bailable que se hace en el mundo. No obstante, el Grammy Latino le ha sido esquivo a pesar de las cinco nominaciones. Ahora el comité organizador decide entregarle un honorífico. ¿Cómo interpreta ese hecho?

Los jurados internacionales y los bailadores de todo el mundo han reconocido en Los Van Van un trabajo muy serio desde el punto de vista musical, pues ha puesto a bailar a la gente desde hace ya ni sé cuántos años. El Concierto por la paz y otras cosas que han sucedido en este país en los últimos años vienen a resumir todo ese quehacer. Es cierto que hemos tenido cinco nominaciones a los Grammy Latinos y uno se pregunta: “¿por qué no ha llegado el premio?”. No tengo respuesta, pero entiendo este Grammy a la Excelencia como un reconocimiento a eso y un poco decir: “Oye, está bueno ya, vamos a darle un reconocimiento especial”.

Mayito Rivera / Foto: Iván Soca.
Mayito Rivera / Foto: Iván Soca.

Cuando Paco de Lucía ofreció su concierto en Cuba (octubre/2013) escuchamos citas musicales de “Sandunguera”. Usted estaba allí y lo disfrutó. Otros músicos también han versionado temas suyos, como Rubén Blades…

Sí, hay varias versiones de “Tal vez”, una de ellas es de la brasileña María Betania con Omara Portuondo. Otra de Rey Barreto. De “Muévete” hay una de Harry Belafonte con un coro sudafricano, otra de un grupo puertorriqueño que se llama Batacumbele, y también está esa de Rubén Blades… Son cosas bonitas que han pasado con la música de uno.

¿Qué siente cuando identifica una música suya en otras voces o intérpretes?

Lo más importante para un compositor es trascender, para eso trabaja, y esa es una de la formas de conseguirlo: que alguien, sin que tú lo impongas, haga su versión de una composición que escuchó en un determinado momento. Yo creo que ese es el mayor reconocimiento. ¿Mis temas trascenderán? Puede ser, si es que de aquí a 30 años todavía están cantando “Sandunguera” o cualquiera de mis números. Pero eso no lo voy a ver.

¿Después de tantos años de labor y de tantos hits podría decirse que ha conseguido descifrar los secretos para pegar un tema en el gusto popular?

Eso no se sabe. Es una caja de sorpresa. Lo que sí he sacado cuenta es que a veces una cosa sencilla, simple, sin complicarte mucho, pero que toque puntos y resortes que son comunes a millones de personas, define el éxito de un número. Cuando logras eso, uno analiza y dice: ¿qué pasó?, ¿qué hice? Es algo que no se puede copiar. Yo no podría hacer otro número como “La compota de palo”, ni como “Sandunguera”, ni como “La cabeza mala”. Basta con la satisfacción que tú recibes y la experiencia que deja algo así. Lo demás es un misterio.

Pero sí consiguió develar los misterios para que los vocalistas peguen…

Bueno, eso sí. Uno escoge a los vocalistas a partir de la experiencia, y lo haces con luz larga. De todas formas siempre queda la duda y uno dice: “Esto me parece que puede funcionar”. Muchas veces das pie con bola, pero decir que exactamente uno sabe quién pegará un número y quién no, es una falsedad. La verdad absoluta no se tiene nunca. Esa es de los bailadores, del público.

uan Formell / Foto: Iván Soca.
Juan Formell / Foto: Iván Soca.
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