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Cuba y Estados Unidos, un cambio de época
Foto: Tahimi Arboleya
Foto: Tahimi Arboleya

En el hermoso campus de la Universidad Americana de Washington me esperaba William LeoGrande, Profesor, Doctor en Ciencias, quien ha dedicado muchos años al estudio de la política en América Latina y a la relación de Estados Unidos con el hemisferio.

Ha sido asesor sobre esos temas para agencias privadas y de gobierno, y se le reconoce como uno de los más importantes estudiosos de la relaciones Estados Unidos-Cuba. Su más reciente libro (Back Channel to Cuba), en coautoría con Peter Kornbluh, es una investigación sobre las negociaciones secretas entre Estados Unidos y Cuba, trabajo que comenzó –confiesa–, hace veinte años.

Usted es un gran conocedor de Cuba, ¿qué considera ha cambiado en la Isla?

Desde el Congreso del Partido Comunista, en 2011, han ocurrido muchos cambios. El proceso se está moviendo lentamente, pero la naturaleza de los cambios en la economía es profunda. Lo más importante es reconocer al sector privado como parte dinámica de la economía: la visión de las cooperativas como otra forma de propiedad social, que la mediana y pequeña empresa no sean gestionadas por el Estado, sino que este se dedique a las mayores y estratégicas empresas e industrias. Es muy difícil, sino imposible, planificar una economía centralmente incluyendo hasta la tienda de la esquina. La experiencia cubana, y de los demás países socialistas, demuestra la dificultad de hacerlo. Ha habido cambios en la actualización del modelo y ellos vienen con sus consecuentes costos. Al permitir más libertad al mercado en la economía cubana, habrá algunas personas que se beneficiarán de eso –debido a su arduo trabajo, a sus ahorros, a sus conocimientos, y les irá bien. Habrá otras personas que carecen de capital, carecen de los conocimientos y a quienes no les va a ir muy bien.

Ya podemos ver el crecimiento de la desigualdad en la distribución de la renta en Cuba; aun así es todavía mejor que en la mayor parte de América Latina, pero se trata de una desigualdad más amplia que la que existía hace 10 años. Hay un sector de la población cubana económicamente en riesgo: personas de edad avanzada, pensionadas; madres solteras que son el sostén de su familia; y, en cierta medida, los afrocubanos, ya que no tienen familiares en el extranjero para darles las remesas, no viven en los barrios donde se puede abrir un paladar, no viven en casas donde pueden alquilar una habitación para los turistas; por lo que no tienen el mismo acceso que otros al sector en divisas de la economía. Por lo tanto, creo que el reto para el Estado cubano, ya que trata de aumentar la productividad usando el mercado, es también encontrar una manera de amortiguar el impacto de esos cambios en los sectores de la población que se encuentran en mayor riesgo.Es un reto muy importante, de cara al futuro. Y será interesante ver cómo la unificación de la moneda afecta la distribución de la renta.

¿Cree usted que la lenta velocidad de los cambios que se están implementando puede estar vinculada precisamente a un esfuerzo por tratar de aminorar esas desigualdades de las que me hablaba?

Bueno, creo que la lenta velocidad tiene varias razones. Una de ellas es medir el impacto del cambio y ser capaz de ir ajustándolo, para disminuir los impactos negativos, en términos de desigualdad y otras posibles consecuencias. Creo que también hay un motivo político; para juzgar la recepción política de los cambios a medida que se toman, para ver si algunos cambios empujan demasiado, o quizás no presionan lo suficiente. Y finalmente creo que hay, dentro de las instituciones existentes, cierta resistencia a los cambios. Hay algunas personas que perderán poder, y con la pérdida de poder tal vez vean sus medios de vida en riesgo. Así que se resisten al cambio.

Un ejemplo obvio es el esfuerzo por descentralizar la toma de decisiones políticas en los municipios, para dar a las municipalidades más autoridad y un presupuesto, para que cuenten con los recursos para tomar decisiones. Bueno, eso quita autoridad y recursos a la burocracia central, eso es descentralización, y uno puede imaginar que hay gentes dentro de la burocracia central que no estén contentos con esos cambios.

Foto: Tahimi Arboleya
Foto: Tahimi Arboleya

A partir de este escenario ¿por qué ha cambiado la política de Estados Unidos hacia Cuba?

Creo que hay dos razones fundamentales. Una, fue la presión que ejercieron los presidentes de América Latina en la sexta Cumbre de las Américas, a la que Estados Unidos no permitió que Cuba asistiera. Segunda cuestión: los cambios políticos en Miami. No solo en las encuestas de opinión, sino también el hecho de que el propio presidente Obama ganó la mitad del voto cubanoamericano en 2012. Entonces, si la comunidad cubanoamericana ya no era una comunidad conservadora homogénea, un presidente podría asumir el riesgo de un cambio de política hacia Cuba y no pensar “he perdido la Florida para las próximas elecciones”.

Esas dos cosas fueron muy importantes. Pero también hay que dar crédito al presidente Obama. Él reconoció que la vieja política no tenía sentido. En su campaña, en 2008, dijo que quería cambiar la política, y le tomó seis años hacerlo creo que debido a la política interna de Estados Unidos y, además, porque el tema de Alan Gross se convirtió en un gran obstáculo. Era cuestión de tratar de encontrar la manera de despejar el camino para cambiar la política.

Muchos interpretan este cambio en la política hacia Cuba como el “legado” de la administración Obama, ¿qué opina usted?

Yo he escuchado a personas decir que él no piensa mucho sobre el asunto del legado, que piensa más sobre la solución de problemas… más como: “Tenemos un problema. ¿Cuál es la mejor solución para ello?”. Creo que, finalmente, decidió que la mejor solución al problema de Cuba era deshacerse de la vieja política y probar algo nuevo.

¿Qué importancia tiene el tema cubano en el debate nacional de Estados Unidos?

Yo diría dos cosas. En primer lugar, el Partido Republicano tiene este discurso de que Obama es débil en la política exterior. Y apuntan a Libia y Siria e Irán y Ucrania, y ahora Cuba. Sus ataques a la política de Obama hacia Cuba encajan en esta narrativa más amplia ”Obama es débil”. Por lo tanto, van a seguir utilizándolo en ese sentido.

Pero la cuestión propia de Cuba es solo políticamente significativa en el sur de la Florida. Y aun allí, la comunidad cubanoamericana está dividida, vemos eso claro. Así que no creo que el tema de Cuba juegue un papel importante en la campaña presidencial de 2016. En estos momentos, algunos de los candidatos republicanos están centrados en el tema, Rubio, en particular, porque se dio cuenta de que así podría llamar más la atención. Cuando Obama hizo el anuncio el 17 de diciembre, Rubio fue el primero en criticarlo, y lo criticó con más dureza que nadie, y a cambio recibió mucha atención. Con esta posición, Rubio se separó de los otros candidatos presidenciales, así que creo que ha de continuar en esa línea.

Pero, en este momento, los candidatos republicanos tienen que preocuparse por las primarias republicanas en Florida, donde los votantes son el segmento más conservador de la comunidad cubanoamericana. Entonces, hasta las primarias de Florida, los candidatos republicanos continuarán hablando sobre Cuba, pero después de eso, no. Debido a que no hay muchas personas en los Estados Unidos que vayan a elegir a su candidato presidencial a partir de la proyección política hacia Cuba.

Pero la Florida siempre es un estado electoral importante. ¿Cree que los cambios en la Florida son tales que pudieran generar un apoyo a los cambios que Obama está implementando?

Florida siempre es importante en las elecciones, porque es lo que llaman un “estado clave”; siempre en la pelea. Y vimos en 2000 que unos pocos votos en la Florida pueden hacer una gran diferencia. Pero creo que varias cosas han sucedido en la Florida que han cambiado el terreno electoral. Además de los cambios en la comunidad cubanoamericana, de los que ya hemos hablado, está el crecimiento de los otros elementos latinos en la población, que ahora superan en número a los cubanoamericanos, y que tienden a ser demócratas. Así la Florida, en general, se inclina ahora un poco más hacia los demócratas. Y yo creo que los cambios de Obama en la política hacia Cuba no le harán daño en la Florida. ¿Cuánto van a ayudar?, es difícil decir. Pero no creo que le harán daño, porque ahora hay un montón de cubanoamericanos que están felices de ver estos cambios.

Permítanme decir también, que creo que Obama fue muy inteligente en 2009 cuando levantó las restricciones a las remesas y los viajes familiares de cubanoamericanos. Porque las remesas aumentaron un 300 %; los viajes familiares un 400 %, y esto ayudó a acercar a las familias cubanas de ambos lados del estrecho de la Florida, y suavizó algunas actitudes en Miami. Cuando nos fijamos en 2012, y vemos que Obama tiene la mitad del voto cubanoamericano, parte de la razón de ello fueron los cambios que hizo en 2009.

En el estudio de William LeoGrande. Foto: Tahimi Arboleya
En el estudio de William LeoGrande. Foto: Tahimi Arboleya

¿Qué impacto tienen estas medidas para la política exterior norteamericana hacia América Latina?

Sabemos que América Latina se oponía a la vieja política. Y cuando la nueva se anunció el 17 de diciembre, todos los presidentes de América Latina se pronunciaron con entusiasmo a favor de dicho cambio. Y el propio presidente dijo que esperaba que este cambio pudiera abrir un nuevo capítulo, no solo en las relaciones con Cuba, sino con América Latina completa. Así que el presidente sabía que esto tendría un gran impacto en las relaciones de Estados Unidos con el área. Creo que la Cumbre de Panamá es un buen ejemplo. Cuando Obama y Raúl Castro hablaron en la Cumbre, los otros presidentes se mostraron entusiastas y apoyaron los esfuerzos para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Así que, creo es muy, muy importante para las relaciones de Estados Unidos con el resto del hemisferio.

En caso de que el próximo presidente de Estados Unidos fuese del partido republicano, ¿cree que revertiría la nueva política que está basada en el poder presidencial ejecutivo?

Desde el punto de vista jurídico, un presidente republicano podría revertirlo todo, porque todo lo que Obama ha hecho parte de su autoridad presidencial. Pero, por razones diplomáticas, no creo que un presidente republicano lo haga. Le preguntaron a Jeb Bush si rompería las relaciones diplomáticas con Cuba en caso de que fuese elegido y él respondió: “Bueno, probablemente. Pero no lo he pensado mucho”. Ahora, por supuesto Rubio y Cruz dijeron: “Nosotros romperemos relaciones de inmediato”. Creo que Jeb Bush entiende mejor el impacto que eso podría tener en América Latina, sería un desastre para las relaciones de EE. UU. con el hemisferio. Y la otra cosa es, a medida que la política se vuelva más exitosa –más personas viajando a Cuba, una mayor cooperación en áreas como el cumplimiento de la ley, la lucha antidroga…–; se van creando más círculos de personas a favor de la nueva política y, por lo tanto, se vuelve más difícil revertirla.

Creo que un presidente republicano no va a intentar revertir las cosas, pero podría impedir que el proceso avance.

Cuba no es un gran mercado para Estados Unidos, ¿por qué tanto interés ahora por parte del sector empresarial?

Que Cuba sea un mercado pequeño es una de las razones por las cuales el sector empresarial no fue más activo hasta ahora. Pero, la otra razón es que la política del gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba ha sido muy hostil, los empresarios no querían gastar el tiempo y la energía, ya sea explorando oportunidades o librando una batalla con el gobierno para tratar de cambiar la política. Ahora que el presidente ha cambiado la política, y ha pedido que se ponga fin al embargo, la oportunidad de negocios luce mucho más inmediata, todo apunta a que puede estar a la vuelta de la esquina. Y lo que las empresas están empezando a pensar es en cómo podrían sacarle provecho al mercado cubano. Es un mercado pequeño y, sin embargo, al mismo tiempo, no es insignificante. Cuba hace unos años estaba comprando alimentos por valor de quinientos millones de dólares a los Estados Unidos. Cuba compra en el mercado mundial 2 000 millones de dólares en alimentos; la mayor parte podría ser vendido por los Estados Unidos si hubiera crédito disponible. A los cubanos les gustan los productos estadounidenses, están familiarizados con ellos, y hay un montón de productos de consumo básico norteamericanos que a los cubanos les encantaría acceder, si pudieran. Cuba es un país pobre, pero con el levantamiento del embargo y un aumento de turistas de los Estados Unidos, tendría ingresos que le permitirían comprar productos de los Estados Unidos. Eso es lo que hay, una posibilidad significativa para el mercado, no enorme, pero significativa.

Algo en lo que Cuba tiene una marcada ventaja en relación con el resto del Caribe y América Latina es en el desarrollo de su capital humano, ¿cómo podría ser su relación con el mercado norteamericano?

Ya se puede ver cómo Cuba ha tomado ventaja de ello con la exportación de servicios médicos. Ya hay especialistas jóvenes cubanos diseñando sitios web y escribiendo códigos informáticos para personas en Estados Unidos, y lo ponen en una memoria flash, o lo suben a la web desde un hotel. Así que ya hay empresarios cubanos que se están aprovechando de su capital humano para proporcionar servicios al mercado norteamericano. Eso es la escala más pequeña. La escala más grande, por supuesto, es la industria farmacéutica cubana, y la posibilidad de que algunos de los medicamentos que Cuba ha diseñado puedan ser vendidos en el mercado estadounidense, podría ser muy importante.

Una encuesta muy reciente dice que el 56 % de los republicanos están a favor de la nueva política (16 puntos más que en enero de este año), y el 55 % a favor de la eliminación del embargo (en enero, el 40 %), ¿a qué cree que se debe ese cambio?

La mayoría de los republicanos no quieren que el gobierno les diga a dónde pueden viajar, no les gusta que el gobierno les diga con quiénes pueden hacer negocios y con quiénes, no; hay una especie de sentimiento libertario entre muchos republicanos. Además, los republicanos tienden a ser pro-negocios, y el sector empresarial en los Estados Unidos ahora está a favor de levantar el embargo, parece que cada vez hay más republicanos que le encuentran sentido a hacer esto. Las personas no ven ya a Cuba como una amenaza, quiero decir, desde el final de la Guerra Fría, Cuba no ha sido una amenaza. Pero ahora que incluso el presidente de los Estados Unidos está diciendo: “es un país pequeño, no es una amenaza”, no parece haber una razón para el tipo de relación y las sanciones que se han desarrollado por tanto tiempo. Creo que es por eso que vemos ahora, incluso a la mayoría de los republicanos, a favor de un cambio.

¿Qué puede hacer el gobierno cubano para facilitar este proceso?

Creo que hay varias cosas que el gobierno cubano podría hacer. La primera es moverse rápidamente en el cumplimiento de algunos de los compromisos que Cuba hizo en el anuncio del 17 de diciembre. Uno de ellos fue trabajar más de cerca con la ONU y la Cruz Roja Internacional en materia de derechos humanos y las condiciones de las prisiones. Otro compromiso fue facilitar que las empresas de telecomunicaciones de Estados Unidos trabajen con Cuba para ampliar el acceso a Internet. Así que, algo que Cuba podría hacer, sería agilizar esos contratos para tratar de llegar realmente a algunos acuerdos. Sé que el gobierno cubano está trabajando duro, tratando de ampliar el acceso a Internet; hay una gran cantidad de empresas estadounidenses a las que les gustaría ser parte de ese negocio.

Lo tercero sería que el gobierno cubano deje claro cómo los empresarios cubanos pueden hacer negocios con compañías estadounidenses. ¿Pueden hacerlo directamente? ¿Pueden importar las cosas directamente? No sé la respuesta a esas preguntas, y no estoy seguro de que muchos de los empresarios cubanos la sepan aun. Por lo tanto, sería de gran ayuda que el gobierno cubano aclarase, por ejemplo, qué tipo de transacciones habría que continuar haciendo a través de las empresas importadoras estatales, y cuáles podrían hacer directamente los empresarios cubanos con compañías norteamericanas.

Otra cosa que el gobierno cubano podría hacer para ayudar a que este proceso continúe avanzando, sería ser más rápidos en la respuesta a algunas de las propuestas que los Estados Unidos ha hecho, y que sea una prioridad para llegar a un acuerdo sobre algunos de los temas. Así el presidente de Estados Unidos podría apuntar a estos acuerdos como prueba de que su nueva política es un éxito.

El campus de la Universidad donde enseña LeoGrande. Foto: Tahimi Arboleya
El campus de la Universidad donde enseña LeoGrande. Foto: Tahimi Arboleya

¿Cómo ve los cambios en la comunidad cubanoamericana, y qué papel juegan los cubanoamericanos en este proceso?

En este momento, la comunidad cubanoamericana es la principal fuente de inversión para la pequeña empresa en Cuba, a través de remesas y envíos. Como he dicho antes, mientras más suceda esto, mientras más se conecten las dos comunidades entre sí a nivel social y familiar; más la comunidad cubanoamericana se convertirá en una fuerza positiva en favor de que avance la nueva política, y no en una fuerza negativa tratando de detenerla.

En varias ocasiones tanto el presidente Barack Obama, como otros funcionarios, han dicho que es un cambio de método para lograr el mismo objetivo, ¿qué posibilidades cree que tiene esta política y en qué medida este discurso dificulta el restablecimiento de las relaciones?

Este es un tema complicado. La gente en la Administración ha dicho explícitamente: “No estamos tratando de cambiar el régimen. La idea de un cambio de régimen es parte de la vieja política; no estamos tratando de hacer eso”. Y luego dicen: “Pero, por supuesto, esperamos que estos cambios den lugar a una apertura democrática en Cuba”. Así que algunas personas dicen: “Bueno, es una estrategia diferente, pero es el mismo objetivo”. Pero no creo que sea exactamente lo mismo. La vieja política fue una política de coerción. Era una política para obligar a Cuba a cambiar del modo en que los Estados Unidos querían que Cuba cambiase. Creo que la nueva política es una política destinada a tratar de crear un ambiente que permita que la propia dinámica interna de Cuba se desarrolle sin ese tipo de coerción externa, y sin interferencia, en la creencia de que si a esas dinámicas internas se les permite desarrollarse libremente, van a dar lugar a un sistema más abierto y más democrático.

Por ejemplo, Estados Unidos tiene ahora una relación muy normal con China. Y todavía habla de la importancia de la democracia y de los derechos humanos en China, y empuja a través de su política y su diálogo con el gobierno chino en temas relacionados con los presos políticos y la democracia. Eso no impide tener una relación basada en el respeto mutuo y el respeto a la soberanía nacional. Así que los Estados Unidos todavía puede mantener estos objetivos a largo plazo y, sin embargo no tiene que evitar una relación más normal y cooperativa. Estoy seguro de que hay gente en Cuba a la que le gustaría ver en el largo plazo que los Estados Unidos se convierta en un país socialista.

Sin embargo, se siguen aprobando programas en el Congreso cuyo objetivo sigue siendo el cambio de régimen, ¿cómo afecta esto en el avance de una nueva política de restablecimiento de relaciones?

Creo que la Administración quiere reestructurar los programas de una manera que sean más transparentes y más abiertos. Pero no sé si el gobierno cubano encuentre que eso sea suficiente, porque estos programas están autorizados en virtud de la Ley Helms-Burton con el objetivo explícito del cambio de régimen. Así que estos programas, obviamente, siguen siendo un obstáculo que las dos partes van a tener que encontrar la forma de resolver.

Ambos gobiernos han dicho que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de las embajadas son los primeros pasos en el largo proceso hacia la normalización de las relaciones, ¿qué hace falta para que esto ocurra?

Hay una larga lista de cuestiones aún por recorrer, y el embargo es lo primero en esa lista. El embargo no va a cambiar en este Congreso, por las razones que hemos hablado antes. Los candidatos presidenciales republicanos critican la nueva política de Obama hacia Cuba, así que ellos no van a contribuir en nada que la haga parecer exitosa. Tenemos que esperar hasta el próximo Congreso y el próximo presidente antes de que haya alguna posibilidad de que el Congreso levante el embargo. Y, probablemente, lo mismo ocurra con la prohibición de los viajes turísticos.

Hay otra serie de cuestiones donde podría haber avances, especialmente temas de interés mutuo. El Secretario Kerry habló de una larga lista de ellos: lucha contra el narcotráfico, aplicación de la ley, la protección del medio ambiente, entre otras. Espero que veamos algunos progresos en esas cuestiones.

¿Cómo impacta esta nueva política en la sociedad cubana?

Si asumimos que el embargo se levantará en un futuro relativamente próximo, entonces creo que Cuba tendrá una gran oportunidad de beneficio económico. Muchos más turistas norteamericanos irán a visitar la Isla, lo que le proporcionará a Cuba ingresos con los cuales tendrá capacidad de compra en el mercado norteamericano. Inversionistas estadounidenses irán a Cuba, muchos de ellos cubanoamericanos que salieron de la Isla hace muchos años y han tenido éxito en los Estados Unidos y a los que les gustaría volver, como los Fanjul, la familia Bacardí… Así que, creo va a ser beneficioso para la economía cubana y para el nivel de vida del pueblo cubano.

Es interesante ver qué papel juega esta política en el interior de Cuba. Sin la política de coerción y de hostilidad que ha llevado a cabo Estados Unidos, el gobierno cubano tiene menos razones para restringir las libertades civiles de los ciudadanos. El argumento siempre ha sido que no podía haber ninguna desunión debido a la amenaza de los Estados Unidos, un argumento que nos regresa a José Martí. Ahora bien, si la amenaza de Estados Unidos disminuye, entonces hay menos razones para limitar el tipo de debate que la gente pueda tener, e incluso, desacuerdos, no solo acerca de las políticas concretas, sino acerca de quién está en el gobierno y quién no. Creo que va a ser un proceso interesante. Ya podemos ver en Cuba a la gente empujando los límites del debate, y con ganas de tener un debate más abierto, e insistir y, de hecho, teniendo un debate más abierto en diferentes lugares.

La nueva estrategia concibe el contacto pueblo a pueblo como un medio para transformar el sistema cubano, ¿cree usted que esto es realista?

Creo que las visitas de pueblo a pueblo han sido importantes; de la misma manera que un mayor contacto entre los cubanoamericanos y cubanos ha sido importante políticamente. El último número que vi fue que los viajes de pueblo a pueblo habían aumentado un 36 %, lo cual es un incremento sustancial y seguirá subiendo.

Administraciones anteriores en los Estados Unidos, particularmente republicanas, han intentado demonizar a Cuba: “parte del eje del mal”. Cuando las personas van a Cuba se dan cuenta de que no es un país demonizado. Los cubanos son como la gente en todas partes, quieren una vida decente, quieren un buen lugar para vivir, quieren un buen trabajo y un buen futuro para sus hijos, y quieren vivir en paz. Y creo que mientras más personas en Estados Unidos vean eso, entonces es políticamente más fácil avanzar en la mejoría de la relación.

¿Augura cambios en la política migratoria de EE.UU. hacia Cuba? ¿Será derogada la Ley de Ajuste Cubano?

No, la Administración ha sido muy clara: no están dispuestos a cambiar la Ley de Ajuste Cubano. Creo que tienen miedo de desencadenar una crisis migratoria. Y parte de la razón es porque, después del 17 de diciembre, hubo un repentino aumento de personas en balsas y botes tratando de venir a los Estados Unidos por temor a que la Ley de Ajuste desapareciera. Así que la administración fue muy rápida en aclarar este asunto. Ahora, en el largo plazo, si Cuba y los Estados Unidos tienen una relación normal, realmente no tiene sentido ya tener ese estatus único para los inmigrantes cubanos. Creo que con el tiempo va a cambiar, pero no en el futuro inmediato.

¿Por qué dedicar gran parte de su vida al estudio de Cuba?

Cuando estaba en la escuela de posgrado, que estaba haciendo mi doctorado en ciencias políticas, estaba estudiando lo que llamamos “el comunismo comparativo”. Yo estaba estudiando la Unión Soviética y China, principalmente. Pero tomé algunos cursos sobre América Latina y decidí que quería cambiar mi foco hacia esta región, y pensé que Cuba era un lugar obvio para mis estudios. Cuba adoptó un modelo comunista del cual yo conocía por mis estudios anteriores y, sin embargo, es un país de América Latina y ha tenido todos los problemas con los Estados Unidos que los países de América Latina han tenido, así que sería un lugar interesante para estudiar. Y, por supuesto, una vez que empecé a estudiar Cuba, al igual que todas las personas que entran en contacto con esa Isla, me enamoré de ella y no pude escapar.

De cinco a 10 años a partir de ahora, teniendo en cuenta dos factores: el supuesto de que habrá relaciones normales, o más normales, y de que habrá un cambio profundo de liderazgo, ¿cómo ve el escenario Estados Unidos-Cuba?

Para los Estados Unidos, Fidel Castro era un símbolo de desafío. Con Fidel Castro como el líder de la Revolución se hacía emocionalmente difícil para los Estados Unidos cambiar su política. Creo que eso es menos cierto con Raúl Castro en la presidencia, pero su apellido es Castro, por lo que todavía sigue siendo un problema emocional para los Estados Unidos. Después de 2018, es muy probable que el presidente de Cuba no lleve ese apellido. Será una nueva generación de personas nacidas después de la Revolución. Y es importante destacar que, en los Estados Unidos, también tendremos una nueva generación tanto en posiciones de liderazgo en el gobierno, como en Miami. Dentro de diez años no existirán tantas personas que llegaron a Estados Unidos en 1960, o incluso en 1970. Así que muchas de las emociones profundas de los primeros años de la Revolución, que han hecho que sea tan difícil el diálogo para los dos países, se habrán ido y habrá una nueva generación que no recuerde esas batallas. El propio presidente Obama ha dicho en varias ocasiones: “Estas son peleas que empezaron antes de que yo naciera y no estoy interesado en revisitarlas. Quiero mirar hacia el futuro”. Y creo que dentro de 10 años, estaremos en el futuro.

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