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Colección Gladys Palmera: el tesoro de la música latina y cubana

Fotos: Cortersía de Alejandra Fierro

Fotos: Cortersía de Alejandra Fierro

A sus sesenta años, Alejandra Fierro Eleta sigue convirtiéndose en Gladys Palmera, día tras día. Disfruta una especie de musicantropía intensa y desafiante. Con el paso del tiempo, ellas, las dos, se van volviendo música.

“Mi hermano Guillermo que acompañaba mucho a mi padre en Venezuela, siempre decía que todas las secretarias allí se llamaban Gladys, desde antes ya me decía así, en plan de cachondeo”. Y el día en que Alejandra, a los 26 años, decidió empezar a hacer radio en serio tuvo que prometerle a su padre que sus apellidos no figurarían. Se vio a sí misma como Gladys y cuenta que una especie de flash le instaló la palabra Palmera en su mente, representando el mundo que, al otro lado del Atlántico, en América, había producido la música que en lo adelante le haría vivir.

Fue así que Alejandra, de sangre española y panameña, se convirtió en una radiowoman bajo el seudónimo de Gladys Palmera. A los 26 años fundó su programa Sabrosura en una radio de Pozuelo de Alarcón, al oeste de Madrid, en una época en que lo que se escuchaba en España eran baladas y música pop.

Fotos: Cortersía de Alejandra Fierro

Luego se fue a Barcelona y, en 1999, consiguió 14 horas en una radio que trasmitía por los 96,6 FM, un poco “piratilla”. Con sus discos a cuesta, adquiridos aquí y allá, “pinchaba” en su radio la música “histórica” y la actual, lo mismo nacida del folclore que de las modernas urbes americanas: de México, La Habana, Nueva York…

En esa radio, donde Alejandra/Gladys hizo “de todo”, llegó a tener 30 programas especializados en música latina, con muchos colaboradores. “Yo no quería hacer una radio de llamadas de los oyentes; me interesaba profundizar en esa música, difundirla”. Barcelona era entonces el centro de esa difusión, en la época en que nuevas hornadas de migrantes latinoamericanos –muchos de ellos llegados para trabajar en las obras de las Olimpiadas del 92– pusieron a bailar a la Ciudad Condal y sus alrededores.

Fotos: Cortersía de Alejandra Fierro

Internet se instaló en la vida de todos, justo cuando Alejandra estaba sintiendo la necesidad de depositar su mayor esfuerzo en seguir acopiando la música que le interesaba y en difundirla sin límites por todo el mundo: ya se había transformado en una coleccionista en plenitud; de las pocas mujeres que se dedican a ello en el mundo.

Así, entre un imperativo y otro, nació Radio Gladys Palmera en la web, solo online, un oasis para melómanos: un proyecto muy conocido ya entre músicos y conocedores de los ritmos y melodías latinas. Una radio para degustar la música.

En su vida, Alejandra ha conseguido disfrutar dos libertades que muy pocos pueden realizar. La primera, convertir un hobby, en su caso la radio y la música, en su forma de vivir; la segunda, dedicar su dinero, herencia de familia, a erigir un nuevo patrimonio hecho de notas musicales, tumbao, memoria de pueblos, sentimientos: la colección de música latina y especialmente cubana más grande que existe.

Fotos: Cortersía de Alejandra Fierro

Sus fondos comprenden unos 60 000 discos de vinilo, aproximadamente 35 000 CD y cerca de 3 500 fotos, además de pósteres, cancioneros, revistas especializadas, objetos relativos a músicos y disqueras, partituras, cartas, entre otros documentos.

La Colección Gladys Palmera contiene tesoros tan diversos como la discografía de la disquera neoyorkina Fania, un catálogo inabarcable de divas latinas, o una importantísima colección de música africana y el Caribe no hispanohablante.

En cuanto a la música cubana no hace distinciones entre la que ha sido creada por cubanos dentro o fuera de Cuba, antes o después de 1959. Y eso la hace única.

Toda esa riqueza se encuentra físicamente dentro del verdor de San Lorenzo del Escorial, al norte de Madrid. En una casona decorada desde el blanco y la luz que inunda el interior, con los acentos de alegría y fiesta representada por piezas de artesanía caribeña o arte naíf, y donde son protagónicos los pósteres coloridos y kitsch de películas, espectáculos musicales, giras, de esas décadas prodigiosas de la música latina, los 40 y 50.

La colección ha sido organizada con técnicas modernas de digitalización y catalogación que permiten tener “a vista” sus fondos en la web. Quienes necesiten investigar o sientan curiosidad por este acervo pueden revisar datos técnicos, listas de temas incluidos en los discos, y las fotos de las portadas y de las placas de vinilo. Varios músicos, productores y estudiosos han bebido de estas fuentes durante años para conformar repertorios, idear remix, o planear discos.

Fotos: Cortersía de Alejandra Fierro

Lo que Alejandra Fierro Eleta ha perseguido, sobre todo, como lo hacen las verdaderas obras trascendentes, es servir. Pocos cubanos conocen aún que hemos tenido en ella a una exquisita veladora de una parte de nuestra cultura, a salvo del olvido, del descuido, de la ignorancia.

“A mí siempre me ha interesado la música cubana, por el lado romántico y por el ritmo. Los boleros de rasgarte las venas me han parecido de lo más auténtico”, comenta para explicar su vocación. Pero cuando se le pregunta a Alejandra por qué entre toda la música latina prefiere la cubana, sorprende con un adjetivo inesperado: porque es “elegante”.

RAREZAS EN LA COLECCIÓN GLADYS PALMERA

  1. El disco verde de Arsenio Rodríguez: un curioso ejemplo de los materiales utilizados después de la II Guerra Mundial.
  2. La grabación en vivo (inédito) desde el Town Hall de Manhattan del cubano Alberto Socarrás, pionero de la música latina en Estados Unidos.
  3. Primeras producciones de la disquera cubana Panart, grabadas cerca de 1942.
  4. Los primeros discos de Chano Pozo, los únicos grabados en Cuba y con tirada reducida.
  5. La maqueta de la Afro-Cuban Jazz Suite de Chico O’Farrill con Charlie Parker, obra clave en el latin jazz.
  6. La placa de la primera grabación de Eddie Palmieri a los 14 años.
  7. Los discos de 78 rpm grabados por Bola de Nieve en Nueva York, México, Argentina y España.
  8. Discos publicitarios originales de Celia Cruz y Benny Moré para marcas de bebidas.
  9. La grabación perdida de Cheo Feliciano y el pianista cubano Lino Frías.
  10. Primera grabación de Héctor Lavoe con La Newyorker.
  11. Las grabaciones no comerciales de Tito Puente para la Seguridad Social norteamericana.
  12. El primer disco de La Lupe, cuando integraba Los Tropicuba.
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DIRECTOR EDITORIAL
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DIRECTOR EJECUTIVO
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DISEÑO Y MAQUETADO
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COPYEDITING
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TRADUCCIÓN
ERIN GOODMAN
EDITOR WEB CUBA
MONICA RIVERO
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