“Con todos y para el bien de todos”

Foto: Roberto Ruiz
Foto: Roberto Ruiz

Desde el año 1953, cada 27 de enero cercano a las 12 de la noche ocurre algo bello. Se ilumina con antorchas la calle San Lázaro, desde la escalinata de la Universidad de La Habana hasta la Fragua martiana. Un desfile de jóvenes con antorchas en los brazos caminan para esperar el cumpleaños de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, intelectual profundo, estratega, fecundo escritor, un hombre de elevadísima espiritualidad.
De Martí se habla mucho, casi siempre desde la superficie. Lleva tiempo y estudios entender su palabra que, incluso en nuestros días, resulta compleja porque Martí fue un hombre extremadamente culto y así es su literatura.
Pero a mí me sorprende mucho Martí como ser humano, como persona de carne y hueso. En primer lugar me pregunto cómo pudo ser tan prolífico. Vivió solo 42 años –algunos menos de los que tengo yo ahora–, en el siglo XIX, sin Internet, sin aviones, sin computadoras… Recorrió cerca de una decena de países, conocía seis idiomas: fue escritor, poeta, maestro, periodista, filólogo, lingüista, traductor, dibujante… Escribió acerca de casi todos los temas imaginables con una profundidad que asusta (a golpe de pluma y tinta), y tuvo tiempo para organizar la segunda guerra de independencia de su país, para fundar, para ser precursor y guía (mucho más allá de su tiempo), para fomentar amistades sinceras, y para enamorarse.
También me sorprende cómo Martí podía comunicarse con personas tan diferentes, convencer, negociar, persuadir… Lo imagino dando discursos a todo tipo de personas, más y menos cultos… Imagino a aquel hombre pequeño y delgado, de voz suave, poniendo de acuerdo a potentes generales y organizando con ellos –que ya llevaban muchos años en los avatares de la guerra–, la lucha por la independencia y la construcción de una República nueva.
No soy un especialista, por eso no me gusta citar a Martí, porque una frase puede servir incluso para propósitos antagónicos si se saca de contexto. Pero me permito citar uno de sus discursos, lleno de alma y frases hermosas; lo pronunció en 1891, en Tampa. “Se dice cubano, y una dulzura como de suave hermandad se esparce por nuestras entrañas, y se abre sola la caja de nuestros ahorros, y nos apretamos para hacer un puesto más en la mesa, y echa las alas el corazón enamorado para amparar al que nació en la misma tierra que nosotros, aunque el pecado lo trastorne, o la ignorancia lo extravíe, o la ira lo enfurezca, o lo ensangriente el crimen”.
Este discurso termina con una frase estremecedora: “Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos”… Así me gusta pensar a mi Patria.

En busca de lo posible: la Decimotercera Bienal de La Habana

XIII Bienal de La Habana

Del 12 de abril al 12 de mayo se celebrará la decimotercera edición de la Bienal de La Habana, el evento más importante sobre artes visuales en la Isla, esta vez bajo el título La construcción de lo posible.

Fundada en 1984 con el objetivo de investigar, teorizar y posicionar las artes del denominado Sur Global –actualización del término Tercer Mundo–, la Bienal no solo significó una apertura para el arte cubano, sino también un espacio alternativo y legitimador de las prácticas artísticas del Caribe, América Latina, África y Asia. En los últimos años se ha abierto a otras regiones del orbe, y se ha convertido en un referente internacional.

En un primer momento la Bienal tuvo una convocatoria abierta y a modo de concurso, a partir de la tercera cita se eliminaron los premios y las divisiones por países y se realizó una selección de artistas en dependencia de ejes curatoriales relacionados con problemáticas marcadas en el Sur Global como: la convivencia de lo tradicional y lo contemporáneo, la globalización, el arte y su relación con la vida, el individuo y su memoria, las migraciones, el sistema de conocimientos de los pueblos originarios y los imaginarios sociales.

La decimotercera edición se ha propuesto potenciar el carácter transformador del arte. Ante una contemporaneidad definida por los conflictos bélicos, las migraciones, la violencia, las crisis económicas y el deterioro ambiental, la búsqueda de soluciones desde diferentes enfoques se vuelve una prioridad. Entonces la primicia de esta bienal es, desde la producción artística, estimular nuevos modelos de convivencia, formas de vidas comunitarias y redes de solidaridad.

Con cada Bienal, La Habana se convierte en un gran corredor cultural, que permite el intercambio entre artistas, curadores, teóricos, gestores y público. Además no solo connota las artes visuales, sino que promueve un estrecho diálogo con la música, la danza y la literatura. Este año, su colofón será el homenaje a la ciudad maravilla, en el 500 aniversario de la fundación de La Habana.

Reunirá alrededor de 200 artistas de más de 50 países. La nómina de creadores cubanos es de aproximadamente 70, entre los que figuran los Premios Nacionales de Artes Plásticas Manuel Mendive, Roberto Fabelo, José Villa Soberón, René Francisco, Eduardo Ponjuán, Pedro de Oraá, José Manuel Fors, José Ángel Toirac y Pedro Pablo Oliva. Las exposiciones se presentarán en el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”, las instituciones del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Pabellón Cuba, el Museo Nacional de Bellas Artes, la Universidad de las Artes (ISA), la Biblioteca Nacional “José Martí” y la Galería Villa Manuela de la UNEAC, y en espacios públicos de la capital.

Una de sus novedades será la extensión a otras provincias. En Pinar del Río: el proyecto Farmacia, dirigido por Juan Carlos Rodríguez; en Matanzas: María Magdalena Campos con la muestra Ríos intermitentes; en Cienfuegos: la exposición colectiva Mar Adentro y, en Camagüey, el Festival Internacional de Videoarte.

El mapa artístico de la cita trasciende los lugares institucionales para inundar de arte toda La Habana. Gracias a la tercera edición de Detrás del Muro, seis kilómetros del malecón se convertirán en una enorme galería. Con más de 70 artistas invitados, los transeúntes podrán disfrutar la experiencia multisensorial en la que se mezclan propuestas artísticas con la brisa del mar, el calor tropical y los ruidos citadinos.

El Corredor Cultural Calle Línea, bajo la dirección de la arquitecta Vilma Bartolomé, es una de las ideas más ambiciosas: revitalizar la popular arteria de El Vedado a partir del rescate del patrimonio histórico-cultural, intervenciones gráficas en calles y edificios y reformas al mobiliario urbano.

Otras de las sugerencias de la Bienal es el Taller Chullima, coordinado por el artista cubano Wilfredo Prieto. Su estudio, un antiguo astillero a orillas del río Almendares, será el punto de confluencia de creadores de México, Brasil, Austria y España.

El programa teórico, uno de los aspectos más importantes de la Bienal, en esta ocasión ha estado organizado por el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Habana. Las conferencias, conversatorios e intercambios con académicos, ensayistas y curadores cubanos y extranjeros, en cada edición, han permitido formar un pensamiento crítico sobre las prácticas artísticas contemporáneas y en especial las realizadas en el Sur Global y su diáspora.

La cita del 2019 promueve el arte como un acontecimiento vivo, donde la creación y la vida se fusionan. El ensanchamiento del evento hacia los parques, las calles y los barrios posibilita generar una experiencia estética con la cotidianidad. También se convierte en un momento único para disfrutar de la imagen singular de carros de los años 50, edificios barrocos, art deco y eclécticos que conviven con el arte contemporáneo.

A lo largo de 35 años la Bienal ha buscado crear otros modelos de circulación y consumo del arte, que vayan más allá del cubo blanco de la galería y el mainstream del mercado. Se ha erigido como espacio de diálogo y reflexiones para los de adentro y los de afuera, puente entre artistas, críticos y académicos de múltiples áreas geográficas. Sin dudas, es una especie de laboratorio creativo que intenta implementar nuevas cartografías y alternativas para la construcción de lo posible.

Por el buen camino

Papa Francisco en Cuba - Misa en La Habana. Foto: Claudio Peláez Sordo
Papa Francisco en Cuba – Misa en La Habana. Foto: Claudio Peláez Sordo

Es la tercera vez en 17 años que un Papa visita Cuba. Como los viajes de sus predecesores, su visita tiene significación para la iglesia católica, y para los cubanos de dentro y de fuera del país. Pero este Papa es diferente: se siente más cerca, es latinoamericano, habla nuestro idioma y, desde el inicio, ha demostrado estar desapegado de las reglas.

Con su actitud ha logrado convertirse en líder. Sus palabras son escuchadas por disímiles personas en todo el planeta, católicos o no; por lo que desde el inicio era una garantía: lo que dijera en Cuba, sería seguido con atención en todo el mundo.

En todos sus discursos, Francisco trasladó un mensaje de paz, de esperanza y de amor. Nos alentó a la unión y a perseguir nuestros sueños. Nos instó a estar por encima de las ideologías, a construir la cultura del encuentro, continuar el proceso de discernimiento y servir de modo solidario a los demás. Propuso a los jóvenes ser la “dulce esperanza del futuro”, a dialogar con quienes piensan de modo diferente, sin caer en individualismos, abriendo el corazón y la mente para hablar de lo que tenemos en común.

Los cubanos que fueron a encontrarse con Francisco en todas las tribunas, desde donde conversó con el pueblo, no acudieron solamente a ver al máximo representante de la Iglesia Católica del mundo, sino también a encontrarse con el hombre que ha formado parte indispensable de la nueva realidad del pueblo cubano.

La intervención del Vaticano, en las secretas negociaciones entre Cuba y EE.UU., constituyó un punto importante en la decisión que los presidentes de ambas naciones darían a conocer al mundo el 17 de diciembre de 2014, siguiendo su sabio consejo de que “debemos vivir en armonía, respetando las diferencias, pero como amigos”.
A su partida, el Papa dejó inquietudes sembradas en nuestras conciencias, inquietudes muchas veces entumecidas por la rutina diaria. Francisco trajo nuevos aires de esperanza, e intentó que su “llamado a la paz se extendiera no solo a los altos niveles políticos sino también a los pueblos de Cuba y EE.UU”. Nos confirmó que, a pesar de los obstáculos, vamos por el buen camino, y debemos (y tenemos) que perseverar en él.

Cuba’s most valued asset: its people

Photo: Raúl del Pino Salfrán
Photo: Raúl del Pino Salfrán

It’s already been a year since the so-called D17, a transcendental day in which the governments of the United States and Cuba announced to the world the decision to reestablish diplomatic relations and move forward in a process of normalization that leaves behind the embargo and hostility. Today the island’s market looks very interesting for US investors and businesspeople.
The University of Pennsylvania and Momentum, [email protected], in collaboration with OnCuba, organized last November a four-day trip for US businesspeople as part of the Knowledge Mission, an initiative to explore investment possibilities on the island.
Wharton has coordinated an important conference series on Cuba in which I have participated as a lecturer: the Cuba Opportunity Summit, the US-Cuba Corporate Counsel Summit, and the Infrastructure, Finances and Investment in Cuba Summit.
I had already told my friends about Wharton and Momentum, that it was indispensable for the participants and protagonists of these conferences to visit Cuba. One cannot speak seriously about a country and even less about possibilities and intentions to invest in it without getting to know it, take it in, exchange with its people. It is necessary to understand who we are as a nation, as a people, our culture, idiosyncrasy and to have contacts and talks with officials, especially with those in charge of carrying out the economic reforms and with those responsible for foreign investment.
Wharton listened and came to Cuba with a group of executives, businesspeople, investors and representatives of some of the most important US companies. I had the opportunity of accompanying them during the entire trip and during the intense meetings, getting to know them – I already knew the majority -, interacting, observing them while they got to understand Cuba. After almost a week I saw they were convinced about some fundamental things:
That it is not a question of arrogance when we say that Cuba is a marvelous, useful, fertile country in every sense. That, as I have said many times, there are countless opportunities. But Cuba is a country with very peculiar characteristics where, for example, money has less value than trust; and trust and human relations are vital to bring to fruition an investment endeavor. That a harsh and real embargo exists – they had no idea about the consequences -, with a harsh and real impact not only on macroeconomics but also on those who are worth the most: the Cuban family.
In my opinion, the in-depth knowledge acquired by these businesspeople after this visit to the island was the most important “asset” – speaking in accounting terms -, the “essential value” for the opportunities, is and will be the persons in Cuba, the people, the protagonists of the changes.

Cuba: Cinco temas que darán de qué hablar en 2019

El año que comienza promete varios focos de atención en Cuba. Estos son cinco de los temas de los que, presumiblemente, se hablará mucho en los medios de prensa y en las calles de la Isla en los próximos doce meses.

1. Reforma constitucional

Luego de meses de debates y polémicas, 2019 debe ser el año en que Cuba apruebe su nueva Constitución. O no.

La futura Carta Magna, que no prevé un cambio en el sistema político cubano y sigue las pautas de las reformas económicas emprendidas en la Isla en los últimos años durante la presidencia de Raúl Castro, será llevada a referendo el 24 de febrero.

En la votación, los cubanos decidirán si respaldan o rechazan el texto aprobado de manera unánime por la Asamblea Nacional de Cuba el pasado 22 de diciembre, tras un proceso de consulta popular donde participaron casi 9 millones de personas y, por primera vez, la comunidad emigrante.

Los votantes responderán una sola pregunta: “¿Ratifica usted la nueva Constitución de la República?”. De ganar el “sí” que promueve el gobierno cubano, la Isla tendrá una nueva Ley de Leyes, en lugar de la todavía vigente, aprobada en 1976 y modificada en varias ocasiones desde entonces.

Su proclamación podría ser el 10 de abril, siguiendo una petición de varios diputados y en coincidencia con el aniversario 150 de la aprobación de la primera Carta Magna cubana por los independentistas de la Isla que luchaban para liberarse de España.

De no ser ratificada, en cambio, se abriría un paréntesis de incertidumbre, en el que no estarían del todo claros los próximos pasos y que mantendría, al menos de momento, la Constitución vigente, que data de 1976, aunque con varias reformas posteriores.

2. La economía, otra vez

El 2019 promete no ser un año fácil para la golpeada economía cubana. El propio presidente Miguel Díaz-Canel dijo a finales de 2018 que “la batalla económica” seguirá siendo “la tarea fundamental y también la más compleja” para Cuba, y que este año será “de ordenamiento”, en el que se priorizará pagar las deudas que acumula su gobierno por encima de la obtención de nuevos créditos.

En sintonía con Díaz-Canel, el ministro cubano de Economía y Planificación, Alejandro Gil, llamó a “potenciar la eficiencia y la productividad” en su última intervención de 2018 en la Asamblea Nacional, donde aseguró que la Isla cuenta con potencial para crecer “ajustando los recursos disponibles” y evitar un mayor endeudamiento externo.

Gil pronosticó un crecimiento de 1,5 %, superior al 1,2 % de 2018 –según datos del gobierno cubano–, pero para lograrlo dijo que será necesario un mejor proceso inversionista, mayor aprovechamiento de las capacidades productivas y la diversificación de las exportaciones. Nada fácil para una economía lastrada por trabas, desidias e ineficiencias internas, además de los efectos del embargo de EE.UU.

Habrá que ver también cuánto puede despegar el sector privado con las nuevas regulaciones sobre su actividad entradas en vigor en diciembre de 2018, y qué es capaz de aportar al conjunto de la economía cubana, a pesar de lastres endémicos para su desempeño como la inexistencia de un mercado mayorista y su imposibilidad de importar a gran escala.

3. Relaciones con EEUU: ¿stand-by o retroceso?

A pesar de que el acuerdo entre Cuba y MLB –para que los peloteros cubanos puedan jugar legalmente en el béisbol estadounidense– y la aprobación de la Ley Agrícola de EE.UU. con una enmienda sobre la Isla, dieron un cierre menos tenso a 2018, el año que comienza no se muestra precisamente esperanzador para las relaciones bilaterales.

Cuba no es una prioridad en la agenda del actual gobierno estadounidense, pero cuando el tema sale a relucir, no es para lanzar campanas al vuelo. Además de sostener el embargo y la hostilidad de su discurso –con su consecuente respuesta por La Habana–, las medidas tomadas por Donald Trump en sus dos años en la Casa Blanca han dado un frenazo al acercamiento promovido por Obama y Raúl Castro y han sido un cubo de agua fría para los promotores del engagement.

Pero en los próximos meses el escenario pudiera empeorar, al menos según las predicciones de algunos analistas, teniendo en cuenta que 2019 es un año pre-electoral.

En busca de votos en la Florida, Trump podría aumentar las restricciones a los viajes de los estadounidenses a Cuba e incluir más hoteles y entidades cubanas a la “lista negra” de lugares prohibidos para los ciudadanos de EE.UU. que visitan la Isla.

El golpe podría llegar hasta el histórico convenio entre la Federación Cubana de Béisbol y la MLB, un acuerdo que ya han amenazado con torpedear el senador Marco Rubio y otros políticos opuestos al acercamiento con la Isla.

4. Los 5 millones de turistas

Cuba los esperaba en 2018, pero no llegaron. Tras un primer semestre con una caída del 6,5 %, los pronósticos del pasado año fueron rebajados por el Ministerio de Turismo cubano (Mintur), que desplegó una intensa campaña para revertir la situación en los meses siguientes y, sobre todo, dar el salto esperado en 2019.

En 2018, la Isla recibió más de 4,7 millones de visitantes, un nuevo récord que tuvo nuevamente a Canadá como principal mercado emisor y a los cruceros como una boyante modalidad que multiplicó sus llegadas –principalmente a los puertos de La Habana, Santiago y Cienfuegos– y permitió a los estadounidenses sortear las medidas del gobierno de Trump contra los viajes a Cuba.

Para 2019, el plan del Mintur es ambicioso: 5,1 millones de visitantes, más de 5 mil nuevas habitaciones en toda la Isla y más viajes de cruceros. Además, prevé la diversificación del producto cubano más allá de “sol y playa”, con la promoción del turismo de naturaleza, salud y eventos como modalidades emergentes, esta última principalmente en La Habana, que celebrará sus 500 años de fundada y acogerá en mayo la Feria Internacional del sector en la Isla, FitCuba 2019.

Pero no basta con estos propósitos. El crecimiento de las estadísticas debe ser acompañado con coherencia por otro más importante: el de los ingresos. Solo así el turismo podrá presumir de ser la locomotora que necesita la economía cubana.

5. Cinco siglos de La Habana

Se cumplirán el 16 de noviembre de 2019, siguiendo la tradición que conmemora la fundación de la ciudad en su actual sitio y no en su primer asentamiento, en la costa sur de la Isla. Con ello, La Habana será la última de las siete villas fundacionales de Cuba en celebrar su medio milenio.

La capital cubana está ya en conteo regresivo y, desde 2018, lanzó una campaña liderada por la Oficina del Historiador y el gobierno de la ciudad, que incluye acciones constructivas, sociales, artísticas y comunicativas a lo largo de todo el año.

Restauración de edificios y calles emblemáticas, celebración de eventos culturales, y edificación de nuevas casas y hoteles, forman parte del programa, que tendrá su punto clímax en la celebración del aniversario –en el onceno mes del año–, para la que se espera, incluso, la visita de los Reyes de España.

Aunque es imposible que en pocos meses puedan borrarse los muchos problemas –constructivos, de saneamiento, de transporte, de iluminación– acumulados por la ciudad a lo largo de los años, el Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, llamó a aprovechar el impulso del aniversario, a pensar los 500 años no como una meta sino como una oportunidad para seguir trabajando y “cambiar el rostro de La Habana”.

Se cumpla o no, desde ahora y hasta noviembre mucho se hablará sobre los cinco siglos de la hermosa capital cubana.

El encanto excepcional de Cuba

¿Por qué esta pequeña isla es tan atractiva para todo tipo de personas?

“Cada vez que voy a Cuba, a mi regreso me comporto como un folleto de turismo. Aburro a mis amigos hablándoles de las distintas maneras en que amo el idilio improbable”, escribió en una oportunidad el ensayista Pico Iyer. Y yo sé bien cómo él se siente. Esta atormentada e iconoclasta isla de encantos tropicales me tiene embrujado hace tres décadas.

La fuerza de Cuba “cala más profunda que el material de los panfletos de viajes. Es algo irresistible e intangible”, anota Juliet Barclay. “Es como si”, añade Arnold Samuelson, recordando su primera visita a Cuba en 1934, “todo lo que has visto anteriormente se te olvidara y todo lo que ves y oyes ahora te resulta tan extraño que sientes… como si te hubieras muerto y revivieras en otro mundo”. El ambiente etéreo de la ciudad, hoy en día más pronunciado, se convierte en material de novelas. “Me despierto sintiéndome distinta, como si algo estuviera cambiando dentro de mí. Algo químico e irreversible. Aquí existe una magia que se hace camino por mis venas”, nos dice Pilar, un personaje cubano-americano de la novela de Cristina García Dreaming in Cuban (Soñando en cubano).

Photo: Otmaro Rodríguez

Prácticamente cada estadounidense que conozco y que ha estado de visita en Cuba ha regresado cautivado, hasta un punto que pocos otros destinos inspiran. Y esto a pesar de la imagen negativa del país que durante seis décadas han propagado administraciones estadounidenses y amargados adversarios. Lamentablemente, Cuba es todo lo que dicen… y, a la vez, desde su propia manera críptica, ¡ninguna de esas cosas!

Explicar el atractivo excepcional de Cuba es como tratar de explicar la magia del sexo a una virgen. Barclay lo entendió bien. No puede ser visto, tocado o fotografiado, aunque el telón de fondo físico –lo tangible– está integrado a la experiencia emotiva del visitante.

La primera reacción es sentirse atrapado en los años cincuenta del pasado siglo. Desteñidos anuncios de Hotpoint y de Singer evocan las decadentes décadas en las que Cuba era virtualmente una colonia de los Estados Unidos. Con altas aletas traseras, voluptuosos sobrevivientes de los días de gloria de Detroit se encuentran también por doquier: DeSotos de cromados cintillos, corpulentos Buicks, elegantes Plymouth Furies y otras ostentosas reliquias, de cuando los autos americanos reflejaban el culto hollywoodense a la riqueza, la fantasía, el exhibicionismo y el sexo, que en aquellos tiempos era también sinónimo de La Habana. Todo el “glamour” de la puesta en escena de una ópera en desuso permanece allí, recubierta por la pátina del tiempo.

Deambulando por las calles de La Habana, uno siente como si estuviera viviendo dentro de una novela romántico-detectivesca. No quieres dormir por temor a perderte una experiencia vital. Antes de la Revolución, La Habana era un lugar de intrigas y escabrosos romances. La Babilonia batistiana ofrecía un banquete tropical de pecado. Espías y conspiradores acechaban en la sombra. En la actualidad, la ciudad aún tiene una buena dosis de bordes cortantes y sombras siniestras. El aliento, la intimidad del compromiso, de la conspiración, todavía aletean en el aire. (Aunque ahora mucho menos que en 1992, cuando viajé a Cuba por primera vez.)

Photo: Otmaro Rodríguez

Hay algo de Narnia en Cuba y mucho de Alicia en el País de las Maravillas. Lo que extasía a los visitantes es la sensación de haber penetrado en los predios embrujados del más allá. Por supuesto, te encuentras a solo 90 millas de los iluminados centros comerciales y McDonald’s de la Florida, pero has cruzado un arcano umbral para descubrir el inesperado espacio inquietante, lleno de excentricidad, erotismo y misterio. En cuanto sales del avión, sucumbes ante el ferviente atractivo “délfico” de la Isla. Es imposible resistirse a sus misterios y contradicciones.

La primera vez que fui a Cuba, lo hice por mar y de noche, como los clandestinos personajes de la novela Tener y no tener, de Hemingway. Al amanecer me recosté en la barandilla de la nave mientras el viento batía mis cabellos y pasábamos frente a un imponente castillo que domina la entrada de la bahía. En 1895, Winston Churchill se había sentido “loco de alegría, pero acalorado” cuando se aproximaba a La Habana por mar. “Este era un lugar donde cualquier cosa podía suceder. Este era un lugar donde con certeza algo iba a suceder”. Yo también sentí la misma desbordante sensación de riesgo y de aventura, casi sexual por su intensidad.

La seducción es algo que te atrapa muy pronto en Cuba. De manera literal. Es el pasatiempo nacional, y lo disfrutan por igual ambos sexos. “Es la libre expresión de un pueblo de alto vuelo espiritual confinado a un mundo políticamente autoritario”, escribió el periodista argentino Jacobo Timerman. Para los visitantes, el jubiloso erotismo, parte de una mayor y contagiosa alegría que permea la vida en Cuba, es excitante, liberador y atractivo en igual medida. La Revolución ha igualado los sexos a mayor escala que en el Reino Unido y, en especial, en los Estados Unidos. En muchos aspectos, Cuba está mucho más avanzada en nuestra era de lo políticamente correcto. Y, sin embargo… en los asuntos más inesperados, los cubanos se muestran desafiantes y deliciosamente fuera de moda para el visitante.

Photo: Otmaro Rodríguez

La vida aquí parece paradójica. Socialismo y sensualidad. Comunismo caribeño. Cuba es, después de todo, un país tropical –y por demás, latino. Los centros nocturnos son fáciles de encontrar, vibrantes de sonido, desde el jazz al reguetón y desde el son a la salsa. Indicios del viejo sabor habanero todavía pueden detectarse en cabarets como el Tropicana, la extravagancia pre-revolucionaria al aire libre, ahora en su octava década de paganismo en tacones altos.

Aunque la mayoría de los cubanos no tienen el dinero para ir a tales sitios, son muy ricos en espíritu, bondad y relaciones sociales… un recordatorio de que la vida puede ser más plena con menos cosas. Recordatorio, sobre todo, de lo que tanto amo y admiro de los cubanos y de la comunidad cubana: cómo llevan su corazón y sus vidas a flor de piel. Cómo te miran a los ojos y te hacen partícipes. Seguros y sin reservas. Sin sentirse juzgados. Blancos, negros y de cualquier color intermedio, todos viven en armonía, como iguales, con confiada y natural tranquilidad. Es inspirador. Y olvídense de la insularidad, del concepto estadounidense de que “la casa del hombre es su castillo”. Un promedio de quince visitantes que no pertenecen a la familia entran a cada casa cubana diariamente. Las puertas y las ventanas están abiertas para que los cubanos vivan sus vidas a la vista de todos, tentándote a espiar a través de las rejas, de la misma forma en que uno se siente tentado a echar una mirada furtiva cuando los vecinos olvidan correr las cortinas de sus casas. Incluso las persianas de los hogares maternos (las casas locales de maternidad), permanecen abiertas de par en par, mostrando a mujeres en batas de dormir y con nueve meses de embarazo, tendidas en sus camas cuidando sus hinchadas barrigas, mientras los ventiladores de techo refrescan el ambiente. Te sientes un voyeur en la escena de una película de Fellini.

A lo largo de Cuba, las mujeres se sientan en los rellanos de las puertas o colocan sillones en las aceras para disfrutar del cotilleo diario… los hombres sacan mesas para la calle y, sin camisa, se ponen a jugar al dominó… mientras los niños, sonrientes y alegres, juegan al aire libre, recordándole a James Mitchener “una pradera de flores. Bien alimentados, bien calzados y vestidos, eran el rostro permanente de la tierra”.

Está también el ingenioso e infatigable buen humor frente a persistentes carencias, el lamentable deterioro y las penas perturbadoras. Hay belleza en la inocencia inmaterial de los cubanos (aunque eso está cambiando) y en la alegre forma en que le dan la vuelta a la adversidad disfrutando, con muy pocos recursos, de los placeres más sencillos: dándose tragos de ron, bailando la rumba con movimientos de cadera y bien pegados el uno al otro, en improvisadas cumbanchas.

Adonde quiera que vayas te verás rodeado de ritmos sexuales. Cuando caminas por la calle, cubanos que tú no conoces te invitan a participar. La música va subiendo de tono hasta el punto de que llegas a pensar que hasta las botellas de cerveza se van a poner a bailar. Los amigos y los vecinos llegan, te toman de la mano y te besan en la mejilla. Te empujan a la calle para bailar. Es lo mismo en toda Cuba. Cubanos que acabas de conocer te abrazan, te dicen amigo y te invitan a sus casas. Eres festejado con la bondad humana que te dan sin exigir nada a cambio.

Resulta difícil creer que la Ley sobre Comercio con el Enemigo del Gobierno estadounidense esté dirigida a este pueblo gentil y generoso. ¿Cuántas veces he llorado mientras bailaba, como quien dice, con el enemigo?

¡Pida por esa boca!

Foto: Otmaro Rodríguez
Foto: Otmaro Rodríguez

La cocina se suma al manual de seducción del boom turístico en la Isla

Esta noche, nada salvará a Miguel Roldán de la mala educación. Se chupará los dedos, literalmente, después de haber zampado el último panecillo de ajo y mantequilla con que limpia el plato de langosta termidor, cuya salsa se ennoblece con un exquisito vino blanco chileno.

“Esto de aquí nada tiene que envidiar a lo de allá”, dice, sobrellevando el final de una opípara experiencia.

Despleguemos el mapa. Aquí, es el restaurante La moneda cubana, en La Habana colonial, y allá, Nueva York, la ciudad donde Roldán vive hace más de veinte años luego de esquivar los peligros de varias fronteras, tomar cursos de gastronomía y convertirse en un gourmet rayano en la obesidad.

Al igual que muchos, Roldán está impresionado por sus incursiones a paladares recomendadas por amigos o portales de Internet. “Cuando me fui en el 94 no había ni sombra de ofertas. Eran poquísimas y casi todas estatales”, comenta a OnCuba Travel.

Foto: Alain L. Gutiérrez
Foto: Alain L. Gutiérrez
Fotos: Alain L. Gutiérrez

UNA BABEL DE SABORES

Casi de la noche a la mañana, la explosión de restaurantes privados ha hecho de La Habana una Babel de sabores. Ergo, también de culturas. Y más allá. Sus estándares han ido escalando la gradación de las demandas. Ahora los rancios, los extravagantes y los caprichosos –Roldán es un sumario de todos– pueden tener algo de suerte y sentirse como en casa. Igual veganos y vegetarianos, aunque todavía en menor grado que los omnívoros.

Hay más: algo de modernidad en la refuncionalización de los espacios, todos domésticos. Como norma, en manos de diseñadores, artistas de la plástica y constructores son atendidos los detalles, un ejercicio de experticia y refinamiento ausente durante décadas en el paisaje urbano.

Fotos: Alain L. Gutiérrez
Fotos: Alain L. Gutiérrez

LA MONEDA DE LA SUERTE

A unos metros de la barroca catedral de La Habana, el restaurante La moneda cubana goza de fama entre los cruceristas estadounidenses. Cuando terminan su walking tour son un tropel de apetitos feroces invadiendo la antigua bodega de víveres y licores que encaraba las demandas de los viajeros del puerto a principios del siglo XX.

El restaurante es elegante, eficiente, metódico. Impecable en su ritmo, en una hora es capaz de asimilar hasta 250 comensales desde el entrante hasta el postre. Incluso, si algunos son intolerantes a la lactosa, al gluten o veganos y vegetarianos.

José Alfredo Pedroso, jefe de servicio de La moneda cubana, un robusto joven mestizo, maneja tips técnicos en inglés, francés, alemán y ruso y posee estudios de gastronomía y experiencia como mesero. Orgulloso, muestra la repisa de mármol donde reposan las ocho distinciones otorgadas a la casa, entre ellas el International Quality Crown Award, de Londres, en 2013, y el International Quality Summit Award, de Nueva York, en 2014. La última, el International Star for Quality, de Ginebra, concedida hace un par de años.

“Tenemos una carta muy típica cubana”, certifica. Cerdo en cazuela, ropa vieja, pollo asado y los clásicos frijoles negros o el congrí y los plátanos fritos o la yuca con mojo. También platos de la alta cocina gourmet en pescado, pulpo, mariscos y platos famosos de algunos países”.

Esa plasticidad y sofisticación de los servicios gastronómicos asombra, cautiva y eleva el prestigio del destino Cuba colocando una variopinta oferta culinaria en las pituitarias de millones de turistas.

SUSHI Y UNA EXTENSA GEOGRAFÍA

En el área metropolitana de la capital, la cartografía culinaria cubre varios continentes y en algunos sitios hay presencia de chefs originarios del país de que se trate. Así que el cliente puede llevarse a la boca, entre otras, comida árabe, brasileña, californiana, china, coreana, escandinava, india, eslava, iraní, francesa, libanesa, peruana, rusa, italiana y japonesa.

De esa última, hay opciones. Enclavado en una de las arterias de El Vedado, el sobrio Fuumiyaky es una secuela de otro similar en manos de la familia Tejeiro, el Pp’s Teppanyaki.

“La idea fue de mi tío, quien vivió muchos años en Japón y conocía la cocina y la cultura del país”, cuenta Israel Tejeiro, dueño y chef del Fuumiyaky.

Con precios más baratos que sus similares en Europa o Estados Unidos, el Fuumiyaky capta una clientela que se reparte entre personal de la embajada nipona, chinos y vietnamitas con negocios en la Isla, y cubanos picados por la curiosidad de ver cómo funciona una mesa teppanyaki –el cliente observa todo el proceso de preparación y cocción del plato sobre una parrilla de acero–, o probar el sushi luego de consumir filmes o series japonesas.

“A veces sacamos algunos platos de estaciones combinando la cocina cubana con la japonesa, haciendo algunas fusiones para el público no tan arriesgado”, dice el joven chef, que no para de buscar literatura culinaria nipona para estar al día.

Como muchos otros dueños de paladares, la ausencia hasta el presente de un mercado mayorista de productos e insumos sigue siendo el principal reproche y la principal demanda, al estar vetada la importación comercial por particulares.

RESCATANDO LA TRADICIÓN

Para Micheal Y. Park, del New York Times, “a primera vista, el problema no parece ser la escasez de lugares para comer… desde marisco al estilo español hasta sushi japonés, la expresión de los deseos de un público con un paladar cada vez más cosmopolita”.

Park descubre el agua tibia. Hay antecedentes de que las exquisiteces de hoy no salieron de una chistera. En La Habana de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, existían restaurantes que se bastaban a sí mismos para que alguien abordara un avión en Caracas, México D.F. o Nueva York y viajara hasta aquí exclusivamente a consentir sus apetitos.

“Eso se puede rescatar”, apuesta, esperanzado, el periodista e historiador de costumbres, Ciro Bianchi, quien reconoce que, de la profusión de paladares, más de medio millar en La Habana, “a la larga quedarán las mejores”, pues el darwinismo económico se encargará de cribarlas.

HÉROES Y VILLANOS

¿La comida criolla está siendo respetada o falsificada en estos paladares?

“Hay de todo”, responde Bianchi y enaltece el rescate de platos tradicionales gracias a muchos de esos restaurantes. Visitado por la familia Obama durante su estancia en Cuba en la primavera de 2016, San Cristóbal, por ejemplo, “ha devuelto platos de la cocina cubana que estaban realmente perdidos u olvidados”.

Al llenar un “vacío en la gastronomía nacional”, según Bianchi, tales servicios han ido sellando los déficits de ofertas culinarias de una industria turística que demanda mucha especialización y que comenzó, a finales de los años ochenta, todavía zaherida de iconoclasias ideológicas.

“Cuando triunfa la revolución quisimos borrar todo un pasado y hasta botamos las cartas menú de nuestros hoteles. Junto a ello quisimos desaparecer esa comida cubana consagrada en los libros”, alega Silvia Mayra Gómez Fariñas.

Autora de una decena de textos publicados sobre culinaria, entre ellos La comida china en Cuba, a cuatro manos con la escritora sinonorteamericana Jen Lin-Liu, esta ingeniera agrónoma es toda pasión cuando defiende el patrimonio gastronómico de la Isla, cuya herencia de las cocinas española, francesa, china y africana ha resultado en un mestizaje encantador que todavía muchos desconocen, ningunean o tergiversan.

“En el Manual del cocinero A aparecen 36 referencias bibliográficas y ninguna es cubana…Te graduabas cocinando una comida foránea, no la tradicional cubana”, se queja la activista que ha sostenido no pocas polémicas académicas con directivos de la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba, de la que ella misma forma parte.

Otro de los inconformes es un gran gourmet de la vieja guardia: el escritor Reynaldo González, de 78 años.

“Con las crisis sucesivas y las escaseces, la cultura culinaria se ha ido depreciando mucho con actitudes improvisadas y con remedios en lugar de recetas”, dice en charla telefónica con OnCuba Travel el Premio Nacional de Literatura de 2003.

Erudito en todo lo que conversa o escribe, González afirma que el término resolver se ha convertido “en una especie de talismán de la cultura popular cubana” y que, extrapolado a la cocina, los involucrados “resuelven comidas que parecen recetas tradicionales”.

Las malas prácticas son compartidas tanto por cubanos de dentro como de fuera de la Isla. “Me asombra siempre, en restaurantes de cubanos en el extranjero, la cantidad de condimentos que no son propios del plato, para mostrar sobreabundancia. Ese desorden se ha contaminado mucho en los paladares, pero también en la comida que ofrecen los restaurantes estatales, que están vacíos”.

En 1999, la editorial Casa de las Américas publicó Échale salsita. Comida Tradicional Cubana, un recetario escrito por González, quien tuvo entre sus mejores amigos a Nitza Villapol, la gran gurú de la cocina nacional que, dada las sempiternas carencias, practicó una suerte de alquimia gastronómica durante décadas en su programa televisivo Cocina al minuto. “Ella también hacía una cocina del remiendo”, reconoce el novelista de Al cielo sometidos.

Foto: Alain L. Gutiérrez
Foto: Alain L. Gutiérrez

DEL BOCA A BOCA A LA INTERNET

En mayo pasado, tres libros de la editorial Artechef, de la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba, fueron galardonados en Beijing con los Premios Gourmand, catalogados como el Oscar en la cocina.

La comida campesina (en inglés), de Eddy Fernández y Miriam Rubiel, se agenció el premio Winner Gourmand World Awards en la categoría de Cocina local; Qué cocinaré hoy, de Luis Ramón Batlle, lo obtuvo en el acápite Cocina casera; y El donaire de los vinos, de Martha Señán, fue laureado en la categoría de libros de alimentos y bebidas.

Cuba aún no goza de una guía Michelin. En cambio, el boca a boca funciona a velocidades vertiginosas y algunos sitios y blogs en la digitosfera, locales y extranjeros, han construido un espacio de promoción, acotaciones y mapeo de las ofertas.

Ahora cualquier cubano puede tener en su móvil una aplicación del portal www.alamesacuba.com, en la que accede a información actualizada semanalmente sobre tipos de comida, precios, zonas, especialidades de la casa, sugerencias de chefs, ubicación y reservaciones.

Con servicios similares, bilingüe, opera también www.cubapaladar.org . Para Rodrigo Huaimachi, fundador y director del sitio, se trata de la única plataforma digital sin compromisos financieros con nadie y que hace crítica culinaria, además de contar con el directorio gastronómico más grande de Cuba y dos tipos de rankings.

UN SABUESO ENTRA EN ACCIÓN

Uno de los sabuesos de Cubapaladar es un hombre público. Crítico de cine y autor de varios libros sobre el séptimo arte, Frank Padrón entrega puntualmente una suerte de reseña holística sobre los restaurantes que visita. Solícito, Padrón accedió este cuestionario de OnCuba Travel.

Pensando en la tradición, ¿existe una alta cocina en Cuba, tomando en cuenta que las grandes dificultades del mercado doméstico de alimentos conspirarían en su contra?

Se ha dicho que nuestra cocina no es muy amplia, ni rica; apenas unos platos distintivos, pero está claro que esa no es ni con mucho la cocina cubana toda. También ahora se habla de “cocina creativa”, “molecular” y se intenta un gourmet cubano que a mi juicio no siempre se consigue (pues muchas veces resulta imitación de cocinas foráneas, como por ejemplo la francesa) pero en última instancia, la “alta cocina en Cuba”, al margen de su orientación, depende de quienes la ejecuten: el menú más sencillo recreado por un buen cocinero (y eso sí lo tenemos en abundancia) se torna precisamente eso: cocina altísima, de vuelo.

¿Más allá del marco legal propiciatorio, qué factores han permitido esta explosión de paladares en La Habana y en toda la Isla?

El hecho de que Cuba haya conocido un flujo migratorio y turístico desde los años 90 del siglo pasado ha incentivado la especialización y la creatividad. Fíjate que ya tenemos, como en cualquier gran ciudad del mundo, restaurantes de todo tipo; muchos chefs han cursado estudios en el extranjero y han regresado a trabajar en negocios ajenos o propios. Ello ha enriquecido la restauración privada, sobre todo (la estatal está un poco estancada, pero esto ya es otro tema) lo cual no nos salva sin embargo de la improvisación y el descuido y es ahí donde tropiezas con errores elementales de servicio, infraestructura y lo peor: de calidad alimenticia.

Muchos se preguntan cómo Cuba, con sus permanentes déficits de producción de alimentos y el cerrojo estatal sobre la importación comercial de los negocios privados, puede poner sobre la mesa una carta gastronómica tan seductora.

Pues sí, y yo no encuentro la respuesta sino en algo sabido: la inventiva del cubano, su arrojo, su capacidad de resolver problemas, de hallar soluciones en el fondo del pozo. Consiguen los productos en la famosa bolsa negra, se buscan proveedores privados y crean su propio mercado mayorista, y hasta importan productos del exterior. Por ejemplo, en una cooperativa santiaguera especializada en la fabada, ellos logran que les envíen desde España el indispensable azafrán y, sin ir más lejos, en uno japonés situado en Nuevo Vedado, un amigo que me acompañó y que ha comido en otros de su tipo en varias partes del mundo, se sorprendía de la abundante y sofisticada carta, a lo que el dueño le respondió sin cortapisas: “todos los ingredientes vienen de Miami”.

¿Hay un sexto sentido imparcial más allá de los obligatorios para intervenir en estos asuntos extremadamente subjetivos? ¿Llega un momento de ofuscación en tu química cerebral?

Pudiera ser. Ocurre con las otras artes, a veces toda la experiencia acumulada y ese sexto, o no sé qué número de sentido extra que requiere un crítico para su trabajo, no bastan. Uno se siente indefenso o al menos confuso ante el hecho artístico, y solo con la reflexión y la serenidad se llega al juicio definitivo. Algo semejante ocurre cuando se visita un restaurante.

Para ti, ¿cuál sería el paladar más extravagante o la más impensada de todas?

Pues esa, la que sobreviva pese a todo.

Foto: Otmaro Rodríguez
Foto: Otmaro Rodríguez

Ketty Fresneda, la cubana en Máster Chef España

Ketty Fresneda ganó el segundo lugar en MasterChef 6 España
Ketty Fresneda ganó el segundo lugar en MasterChef 6 España

Unos 3 millones de personas estuvieron ese día conectados a la trasmisión de Máster Chef 6 España, el más reñido y lacrimógeno, según comentó la prensa española. La emoción se desbordó en el plató, un duelo bastante igualado por conseguir el título en el que una cubana, Ketty Fresneda, se llevó un segundo lugar que le supo a gloria después de 13 semanas de concurso difícil.

“Estoy súper contenta, por supuesto que me hubiera encantado el primer lugar, pero creo que la competencia fue justa”.

En la última partida, Ketty deleitó con una ensalada marinera con cúpula de coco, un rape en su jugo y, de postre, un bizcocho con sabor a “Cuba libre”.

“Me puse bastante nerviosa. Pero me quedo con lo bueno: he aprendido muchísimo, he conocido a muchísima gente buena y se me van a abrir puertas para estudiar, para crecer y formarme como chef, que es lo que a mí me gusta”.

En octubre, la cubana, residente en Pontevedra, Galicia, podrá asistir al Basque Culinary Center, una de las escuelas de cocina más importantes del mundo y, a partir de ahí, comenzará a concretar su sueño: abrir su propio restaurante.

“Si MasterChef es difícil para los de España, imagina para los extranjeros.”
“Si MasterChef es difícil para los de España, imagina para los extranjeros.”

¿Por ser cubana tuviste alguna dificultad? ¿Sentiste alguna indisposición hacia ti durante la competencia?

Te digo la verdad. Sí sentí un poco de prejuicios al principio. Me veían extravagante, guapa y pensaban que estaba ahí para dar el show. Pero estaban equivocados. Yo llevo siete años en España trabajando, ayudando a mi chico en su cocina, no haciéndome la guapa, sino metida en una cocina sacando platos. Yo no fui a Máster Chef a vender mi cara, yo soy una tía currante. Los cubanos estamos acostumbrados a eso. Lo bueno es que poquito a poco fui demostrando que era “peligrosa”, no por mi físico sino porque me gusta estar en la cocina y me siento cómoda en la cocina.

Un jurado muy exigente, en el momento demasiado, es una de las características de esta competición. En esta edición los jueces fueron tres grandes chefs: Samantha Vallejo-Nágera, Jordi Cruz (derecha) y Pepe Rodríguez Rey (a su lado).
Un jurado muy exigente, en el momento demasiado, es una de las características de esta competición. En esta edición los jueces fueron tres grandes chefs: Samantha Vallejo-Nágera, Jordi Cruz (derecha) y Pepe Rodríguez Rey (a su lado).

Durante el programa a veces te señalaron por tu carácter fuerte, extrovertido. ¿Es un rasgo de tu cubanía?

Es una mezcla de todo. Yo tengo un carácter fuerte. Soy una persona que dice lo que piensa. No me ando con tonterías, y claro que choco muchas veces y me trae problemas. No todo el mundo quiere escuchar la verdad. Entonces es una mezcla de mi carácter y mi origen cubano. Y la experiencia de llegar a España muy joven, con 23 años. Enfrenté la mala fama que suelen tener aquí algunas cubanas. Tuve que sacar ese carácter para parar a alguna gente.

¿Y dentro del concurso cómo te llevó ese carácter?

En el concurso encontré gente maravillosa. Son los amigos que se acercaron, que me cuidaron, se interesaron en mí por lo que soy y no por cómo me veo. Respetaron mi cultura, respetaron mi cubanía. Me ponían música en la casa para que yo bailara y me alegrara. Somos verdaderos amigos.

Ketty Fresneda y Marta Verona, de Madrid, ganadora del primer lugar del concurso. Se han quedado como grandes amigas.
Ketty Fresneda y Marta Verona, de Madrid, ganadora del primer lugar del concurso. Se han quedado como grandes amigas.

Has dicho que abrirás tu restaurante. ¿Será en Pontevedra?

Todavía no sé. Mi hermana insiste mucho en que lo abra en Miami, pero podría ser en Madrid o en La Habana. Eso lo decidiré después que tenga mi título de chef.

¿La Habana podría ser también una opción para ti?

A mi marido le encantaría. Él es gallego, pero es un enamorado de Cuba. A él le brillan los ojos. Me gustaría que siguieran cambiando las cosas allí para que fuera más propicio.

Ketty Fresneda: “Me he enamorado de la cocina de vanguardia.”
Ketty Fresneda: “Me he enamorado de la cocina de vanguardia.”

¿En tu restaurante mezclarías la cocina gallega y la cubana?

Siempre utilizaría productos típicos de Cuba, como el aguacate, que es una maravilla. Es un alimento que podemos combinarlo con todo: pescado, marisco, carne. El plátano tampoco faltaría en mis recetas. Es muy versátil. El bizcocho con sabor a Coca Cola, que hice para la final de Máster Chef, tenía como base el plátano que le da la textura. Apenas lleva harina. Por otro lado, me he enamorado de la cocina de vanguardia. Podría crear un plato llamado “Ropa vieja” y que no sea igual que el que te pone tu abuela en la mesa. Es el tipo de cosas que me gustaría hacer. Y claro que me gustaría combinar con algo de la comida de Galicia, que tiene unos mariscos privilegiados. Tiene un mar que da unos productos espectaculares –entre los mejores del mundo–, y hacer combinaciones. Por ejemplo servir una emulsión de frijoles con unos mariscos.

Fuera de la cocina, ¿qué atributos de decoración no podría faltarle a tu lugar?

No podría faltar una música muy bajita que me recordara a mi Isla: Celia Cruz, Benny Moré, la Vieja Trova. Por muy sofisticado y moderno que sea el restaurante, me gustaría que siempre tuviera esa música, que se note que en el restaurante hay una cubana.

Con su Mamá. Acerca de su familia, Ketty Fresneda dice que después de los resultados del concurso “se han sorprendido con la rapidez con que he madurado”.
Con su Mamá. Acerca de su familia, Ketty Fresneda dice que después de los resultados del concurso “se han sorprendido con la rapidez con que he madurado”.

¿A otras personas cubanas que tengan la misma vocación por la cocina y por emprender, cómo podrías ayudarlas?

Me encantaría llevar un blog. De momento estoy más enfocada en mi Instagram, donde suelo colgar recetas. Me encantaría hacer énfasis en la cocina de aprovechamiento: lo que quedó ayer no lo botemos, podemos reinventar y hacer platos muy sabrosos. He compartido algunas recetas y me lo han agradecido mucho. Cuando termine mis estudios me encantaría enseñarle a otros. Por mi Isla, lo que haga falta.

¿Cómo fue la reacción de tu familia en Cuba?

Ellos están orgullosos de mí. Se han sorprendido de lo rápido que yo he madurado, tengo las cosas claras. Cuando me presenté al concurso que es tan imponente, que se sabe que no es broma, ellos se asustaron un poco. Si Máster Chef es duro para los de España, imagina para los extranjeros. Entonces como di el paso adelante, ellos están orgullosos. Ahora hay que seguir trabajando.

El Chrysler 1955 de Hemingway en La Habana

David Soul y Pedro Pino con el Chrysler New Yorker de Hemingway, en diciembre de 2012;. Foto: Christopher P. Baker
David Soul y Pedro Pino con el Chrysler New Yorker de Hemingway, en diciembre de 2012;. Foto: Christopher P. Baker

La batalla del actor-director David Soul para restaurar el Chrysler New Yorker De Luxe convertible de 1955, del escritor Ernest Hemingway, es una historia digna de un filme hollywoodense.

A raíz del Premio Nobel (1954), Hemingway se autorregaló el enorme Chrysler fabricado según pedido y pintado en tonos Navajo Orange (Naranja Navajo) y Desert Sand (Arena del Desierto), a un precio de $3.924. Uno de los cincuenta y nueve New Yorkers hechos para la exportación, equipado con motor V-8 FirePower de 331 pulgadas cúbicas, carburadores de cuatro bocas y capaz de desarrollar 250 caballos de fuerza. “Era un carro macho, poderoso y veloz fabricado para un hombre macho y poderoso”, ha dicho Chris Paquin, aficionado a los Chryslers.

Hemingway Chrysler and tattered original seats, December 2012; copyright Christopher P Baker
Chrysler de Hemingway y restos de los asientos originales, diciembre de 2012. Foto: Christopher P. Baker.

En 1994 Núñez Gutiérrez escapó a Miami. Entonces circularon rumores: que si Núñez Gutiérrez lo había enterrado…, que si lo había sacado secretamente de Cuba… El asunto permaneció en el misterio dos décadas más. En marzo de 2011, Bill Greffin, de la Fundación “Ernest Hemingway”, de Oak Park, Illinois, me contactó para informarme que el gobierno cubano lo había localizado. “¿Tú sabes algo de esto?”, me preguntó y le respondí de inmediato que sí. Dos años atrás, Eduardo Mesejo Maestre, el director del llamado Depósito del Automóvil –o sea, el Museo del Automóvil de La Habana–, me había dicho de modo informal que el automóvil estaba en el país y que se podía reconstruir. Le conté a Bill y, con la boca hecha agua, añadí por último: “en un par de semanas me voy a Cuba”.

Así es que entonces me dirigí a la Finca Vigía, ahora Museo “Ernest Hemingway”, que se mantiene como si todavía viviera allí el gran escritor. Cuando caminaba cuesta arriba pasé al lado de lo que me pareció el ruinoso vehículo, encaramado sobre un bloque de cemento y oculto a la vista por una lona.

Ada Rosa Alfonso, la impetuosa y, sin embargo, amable directora, me enseñó los expedientes: “Nosotros sabíamos que usted venía”, me dijo enigmáticamente antes de mostrarme la placa VIN del Chrysler con la numeración del chasis y del motor, la póliza de seguros de Hemingway, el número de registro del carro y una larga lista de documentos del Registro Nacional de Vehículos de Cuba, que incluía los nombres de los sucesivos propietarios, desde Sotolongo (curiosamente, Hemingway nunca registró el carro a su nombre en Cuba), hasta terminar en Leopoldo Núñez Gutiérrez, en cuyo húmedo y poco resguardado garaje había sido hallado.

Ada Rosa Alfonso with Kadir Lopez Nieva art as a present for President & Michelle Obama, Museo Ernest Hemingway; copyright Christopher P Baker
Ada Rosa Alfonso muestra una obra de Kadir López Nieva obsequiada a los Obama. Museo Ernest Hemingway. Foto: Christopher P. Baker.
jeep ruso marca GAZ y de un auto Lada. La pizarra, de un Dodge. Ni siquiera el astillado parabrisas pertenecía a este Frankestein, cuyo piso podrido dejaba ver el asfalto.

Ada Rosa me explicó su plan para echar a andar el apreciado y destruido tesoro. Sería un esfuerzo exclusivamente cubano. La escuché, consciente de la destreza e ingenio de los magos cubanos de la mecánica, pero considerando el reto de la restauración de un modelo único y la imposibilidad por el embargo de importar partes y piezas a Cuba.

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Interior of Hemingway's 1955 Chrysler New Yorker, at Finca Vigia, showing Dodge dash and Russian gauges, April 2011; copyright Christopher P Baker
Interior del Chrysler New Yorker, en Finca Vigía, mostrando un tablero de Dodge y medidores rusos, abril de 2011. Foto: Christopher P. Baker.
show televisivo de la década de los 70 del pasado siglo, Starsky and Hutch), hizo que se pintara y enviara a la Finca una réplica del cuadro.

En noviembre de 2012, Soul me llamó. Había leído mi libro Cuba Classics: A Celebration of Vintage American Automobiles, y quería conocerme. Volé a Londres y conversamos. Él acababa de regresar de una visita a la Finca Vigía. Me contó que un billonario de Beverly Hills, fanático del automovilismo, compró un New Yorker del 1955 y había comenzado a mandarlo pieza a pieza para Cuba, pero la Oficina de Control de Activos del Departamento del Tesoro (OFAC), encargada de hacer cumplir el embargo, lo obligó a interrumpir los envíos. “Aquí tienes tú que el carro de un autor norteamericano ha sido hallado, pero porque existe un bloqueo no se le puede permitir a la gente que envíe lo necesario para su reparación”.

Ada Rosa, que adora a Soul por haberle enviado la reproducción de “La Granja”, le pidió ayuda para la reparación del Chrysler. Soul no sabe de mecánica automotor, pero como es un activista social que cree que el embargo es algo obsoleto, consideró responder a la solicitud, más aun tratándose del carro de su héroe literario. Por lo demás, Soul ahora es inglés, vive en Londres y el embargo no puede tocarlo. “David Soul. Un norteamericano con pasaporte inglés. ¡Me lo mandó el cielo!”, me dijo Ada Rosa, con sus ojos verde-azules brillando de alegría.

Interior of Hemingway's 1955 Chrysler New Yorker, at Finca Vigia, April 2011; copyright Christopher P Baker
Interior del Chrysler New Yorker, Finca Vigía, april de 2011. Foto: Christopher P. Baker.

“Todo esto es una historia real y digna de ser contada en una película”, afirma Soul. De hecho, ha entrado en sociedad en Londres con Red Earth Studio para la realización del documental Alma Cubana (Cuban Soul).

Mientras tanto, en Inglaterra, Danny Hopkins –editor de Practical Classics– acepta la invitación de Soul. La revista esparce la noticia por el mundo y comienzan las donaciones: tapicería para interiores, neumáticos originales de 15 pulgadas y banda blanca, pinturas color Navajo Orange y Desert Sand, una batería hecha a mano de seis voltios para arrancar el V-8 y, un tanque de combustible hecho a mano, según especificaciones. Además, Hopkins recomendó contactar un almacén en Massachusetts, verdadera cueva de Aladino llena de misceláneas de Chryslers antiguos. Por pura coincidencia, Chris Paquin, el propietario del almacén, leía Hemingway’s Boat (El yate de Hemingway), cuando lo llamó Soul. Chris acepta entrar en el juego. “Espero no meterme en problemas tratando de hacer algo correcto”, dice después, proféticamente.

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David Soul and Pedro Pino with Hemingway's 1955 Chrysler New Yorker, December 2012; copyright Christopher P Baker
David Soul y Pedro Pino con el Chrysler New Yorker. Diciembre de 2012. Foto: Christopher P. Baker.

Las cosas, sin embargo, no ocurrieron según el guion. “Como niños en Navidad, no podíamos esperar para abrir regalos y mostrárselos a Pedro, nuestro mago de la chapistería y prodigioso mecánico”, recuerda Soul, mientras el equipo envía el primer despacho desde Massachusetts al Reino Unido y de ahí a Cuba. Una vez en La Habana, los bultos son detenidos en la Aduana. Los días pasan, se convierten en diez semanas, mientras Soul & Co. se empeñan en una lucha (a lo Sísifo) contra fuerzas invisibles, inamovibles. Soul había firmado una Carta de Entendimiento con el Consejo Cubano de Patrimonio Cultural para el acceso exclusivo al carro a cambio del suministro de las partes y piezas necesarias, pero la letárgica e inflexible burocracia cubana no cede. Ocho ministerios emiten su aprobación para que la carga sea liberada. Ada Rosa llora desconsolada, mientras Soul siente crecer dentro de él la indignación. Siguen pasando los meses y un segundo y tercer cargamentos son sumergidos en el pozo de la burocracia cubana. Mientras tanto, la lista de partes y piezas para la restauración es como una Hidra que se multiplica con cada envío… hasta que, de momento, ¡Aleluya!: la Aduana libera la carga. Pero poco puede ser usado. Para iniciar el trabajo son necesarias otras partes y piezas que no se han conseguido todavía.

Han pasado dieciocho meses y la situación del Chrysler continúa en un limbo. Entonces Soul cae en manos de la OFAC. El Tío Sam quiere ver los recibos. Al diablo con que Soul sea ciudadano británico desde 2004 y londinense desde 1995. Su comportamiento va en contra de lo establecido en el Acta de Comercio con el Enemigo, de 1917: “La exportación de bienes producidos en los Estados Unidos, partes o piezas de automóvil, o cualquier otra cosa a Cuba, constituye una violación de las sanciones impuestas por la OFAC”, le informa a Soul el abogado radicado en Washington, Wyn Segall y añade que tanto él como Paquin pueden incluso ser multados (250.000 dólares por cada transacción) y condenados a prisión. Dado que Soul nunca renunció a la condición de haber nacido en los Estados Unidos, hasta sus viajes a Cuba se consideran ilegales.

Ada Rosa Alfonso with documents proving validity of Hemingway's Chrysler, Finca Vigia, Cuba, December 2012; copyright Christopher P Baker.JPG.JPG
Ada Rosa Alfonso muestra documentos que certifican la validez del Chrysler de Hemingway. Finca Vigía, diciembre de 2012. Foto: Christopher P. Baker.

El deshielo del largo congelamiento de décadas con Cuba iniciado por Barack Obama el 17 de diciembre de 2014, es un bendito alivio. Se facilitan los viajes con propósitos periodísticos y proyectos humanitarios y se autorizan las exportaciones para la preservación del patrimonio histórico cubano. Por fin, a finales del 2015, la OFAC permite a Paquin y a Soul continuar. Entonces Pedro, el chapista, sufre un infarto que le paraliza el lado derecho de su cuerpo y apenas le permite hablar.

Visité a Pedro en diciembre de ese año. Me mostró tres tamboras de freno, oxidadas y con soldaduras, y yo las añadí a la lista. Refunfuñando me dice que está “jodido”, sin embargo ríe como un gato Cheshire. Un testimonio de la infatigable paciencia, resistencia y buen humor de los cubanos. “Es en parte ese espíritu lo que me hace seguir adelante”, me dice Soul. “Hemingway habla tanto del afecto y la bondad de los cubanos… Bueno, todo eso es lo que hace que este embargo, este bloqueo, sea algo tan idiota”. Soul considera la restauración del Chrysler de Hemingway un ejemplo de diplomacia cultural que puede contribuir a sanar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Desgraciadamente, también la salud de Soul se ha quebrantado. Hutch, el rubio setentón rompe-corazones de ojos azules está en una silla de ruedas. Pero, aun respirando por medio de un concentrador de oxígeno, regresa a La Habana en enero de 2016, con el equipo de filmación –acompañado por Hopkins y Paquin, quienes hacen su primera visita.

El actor camina con dificultad ayudándose con un bastón, apoyado en el brazo de Hopkins. El equipo desciende el empinado sendero que conduce a la casa de Pedro quien, con su overol de mecánico y el brazo derecho rígido, nos espera a la entrada: “Ahora estamos iguales”, le dice Soul y se abrazan llorando. Contemplándolos, todos lloramos.

***

Los rayos de sol del atardecer se filtran entre las palmas, lanzando sombras sobre el bulto grisáceo del Chrysler. Se le han incorporado: parrilla ala de murciélago, luces de cola de doble torre, un decorado art déco sobre el capó. Humberto ha reconstruido el V-8 y la transmisión, pero faltan el dinamo, el motor de arranque y la bomba de agua. La lista sigue creciendo. La pintura y docenas de partes mecánicas, enviadas desde hace tres años, continúan en sus cajas, sin utilizarse hasta que aparezcan y puedan ser embarcadas otras partes y piezas.

Mientras  2016 va llegando a su fin, Paquin va reduciendo el listado, en agosto de 2017, Soul solicita permiso a Patrimonio para embarcar el completamiento del inventario. En esos momentos, Ada Rosa Alfonso –la campeona de esta causa en Cuba– ha sido despedida del cargo. Y pasan seis meses hasta que se aprueba la solicitud… Una secretaria, encargada de la comunicación con Soul, le informa sobre la posibilidad de esperar cuatro meses más. Se hacen desesperadas e infructuosas gestiones para disminuir la demora.

'New' chrome rusting in May 2017; copyright Christopher P Baker
“Nuevo” óxido de cromo, en mayo de 2017. Foto: Christopher P. Baker.

En cada visita me voy sintiendo cada vez más descorazonado. Los frenos nuevos ya se oxidaron. La carrocería, tan amorosamente restaurada por Pedro, está siendo devorada por la corrosión, y el nuevo cromado enviado seis años atrás se está pelando como una piel escrofulosa en el lodo tropical.

“Si yo hubiera estado sano física y mentalmente, bueno, mentalmente por lo menos, no me hubiera metido en esto”, dice Soul y suelta una carcajada. Aunque enflaquecido y debilitado, no está dispuesto a rendirse. Su inspiración es Santiago, el viejo pescador de El Viejo y el Mar enfrascado en su épica batalla contra una aguja gigantesca en las aguas de la Corriente del Golfo.

Cinco experiencias cubanas que la mayoría de los visitantes se pierden (pero no deberían)

Foto: Christopher Baker.
Foto: Christopher Baker.

El decorado telón de fondo de La Habana, como detenido en el tiempo, le da un ambiente de mundo nebuloso que Hollywood no podría representar, si tratara de hacerlo. Sin embargo, para el visitante, la magia verdadera no son los iconos revolucionarios, únicos de su tipo, ni la arquitectura que se desmorona, ni los pintorescos carros antiguos. Lo aparentemente mundano, la experiencia de un estilo  a lo cubano por antonomasia, es lo que el visitante recordará siempre como suvenir favorito.

Aquí les presento cinco excepcionales fragmentos de la vida cubana que no deben perderse…

Grito por un helado

Si el punto de referencia fuera la religión, la santería en Cuba ocuparía un segundo lugar después de la heladería. Los cubanos adoran el helado. Cuando La Habana echa chispas, la ciudad entera desciende sobre Coppelia, la mayor heladería del mundo (ocupa una manzana completa en lo alto de La Rampa, en El Vedado, y tiene un promedio de 30 mil clientes al día). Coppelia es llamada con justicia “la catedral del helado”.

En ninguna parte se encarnan los ideales revolucionarios de Cuba como en este verdadero “parque del pueblo” que ofrece una indulgencia por unos cuantos centavos a las masas, quienes esperan… y esperan… y esperan, con anticipación ferviente, para poder comer helado hasta atiborrar sus estómagos y sus carteras. Aquí se han escrito novelas, se han concebido partituras de música (siendo Cuba, quizás hasta bebés).

Foto: Christopher P. Baker.
Foto: Christopher P. Baker.

La rica diversidad se puede encontrar en una cola en Coppelia durante un mediodía soleado. Hacer colas con los cubanos es una experiencia gratificante en Coppelia. Las colas son un hervidero de flirteos y parloteos. Cada sección tiene su propia cola y su largo será de acuerdo con la presencia del sol. No es fácil determinar cuál es, en realidad, la última persona: debes preguntar por “¿el último?”. Esto sucede porque las colas cubanas nunca son estáticas. Mientras algunos habaneros se van por ahí a sentarse a la sombra, otros desaparecen de la vista para reaparecer en el momento crítico, cuando la cola está en perfecto orden, como por osmosis.

Toda conversación termina cuando los cubanos se sientan. Hacer ruido mientras toman el helado con las cabezas bajas es un tributo común en las mesas que se comparten. Las conversaciones son casi un murmullo, como si Coppelia fuera en verdad una catedral. El helado –servido con eficiencia taciturna por camareras, en minifaldas a cuadros de los años 50– no se gana ningún premio. Pero, para mí, no hay otra experiencia que hable tan dulcemente sobre el idealismo revolucionario icónico de Cuba.

Necesitará moneda nacional, ya que la convertible no se acepta. Resista el ser llevado a una sección “turística” con servicio inmediato por un exorbitante 1 CUC por bola de helado. Ordene al menos una ensalada de cinco bolas. Si pide menos que esa cantidad, su camarera asumirá que cometió un error.

Montar una máquina

Alquilar un clásico y engalanado convertible de la era de Eisenhower para un recorrido por el Malecón es de rigor para el visitante primerizo. Después de lo cual es hora de viajar por la ciudad como un cubano. Eso quiere decir hacerle señas a una máquina. No debe confundirse con los sedan lujosos de los 50 que se encuentran fuera de los hoteles, estos cacharros de menos calidad trabajan con permiso como taxis colectivos que van por rutas fijas como los autobuses y cobran 10 pesos (50 centavos de dólar) por casi cualquier distancia.

Anteriormente a los taxis en pesos se les prohibía llevar a extranjeros, los cuales tenían que limitarse a taxis estatales. (¡Más de una vez se me pidió que bajara la cabeza o mirara al otro lado cuando pasábamos delante de un policía!) Ahora son más democráticos. Abarrotados, avanzan pesadamente sobre gomas gastadas y abombadas en medio del crujido de engranajes gastados y el ruido importuno de los tubos de escape. Para evitar ser reprendido por el chofer, ¡no tire la puerta!

Es muy divertido dar brincos con los baches de la calle Neptuno al ritmo del reguetón de la radio.

Andar por el malecón

Foto: Christopher P. Baker.
Foto: Christopher P. Baker.

Oficialmente conocido como Avenida Antonio Maceo, y más comúnmente como Malecón, el paseo marítimo ofrece un microcosmos de la vida citadina: los ancianos pasean a sus perros; los músicos practican en sus tambores y trompetas; los pescadores lanzan sus sedales o se lanzan a la mar en grandes neumáticos; y los soñadores miran con nostalgia hacia Miami.

Visitar Cuba y no caminar por el Malecón sería como visitar París sin subir a la Torre Eiffel…, meramente andar por el paseo no es suficiente. Tiene que frecuentarlo durante un fin de semana y ser un actor en el dinámico teatro al aire libre de La Habana.

Bastante tranquilo durante un mediodía entre semana, se transforma por la noche cuando miles de jóvenes se reúnen para socializar y divertirse, especialmente al pie de La Rampa. Las botellas de ron pasan de mano en mano. La música ahoga el ruido de las olas chocando contra los arrecifes. Y cientos de parejas sin vergüenza se acarician, se besan y hasta hacen el amor. Esta es una de las razones por la cual el Malecón es conocido como “el sofá de La Habana”.

Presenciar un juego de pelota

Mucho más que los yanquis, los cubanos son fanáticos de la pelota. De hecho, el beisbol es una pasión que solo le sigue al sexo como deporte nacional.

Presenciar un juego de pelota en Cuba es una experiencia completamente diferente a la de Estados Unidos. No hay cerveza Budweiser –ni el Jumbotron patrocinado por la Chevrolet (¡menos mal!). Los únicos “anuncios” son los que exhortan al patriotismo, la lealtad, a trabajar duro, y “¡Revolución, sí!” Olvídese de las pistas entre los innings. Y no se permiten las bebidas alcohólicas, aunque hay vendedores que pasan vociferando refrescos, bocaditos de jamón y rositas de maíz. Ah…, y no espere que las tazas de baño descarguen, ni que tengan asientos.

Foto: Christopher Baker.
Foto: Christopher Baker.

Los aficionados –incluyendo niños y mujeres solteras– se agachan en los lugares donde hay sombra en los estadios bañados por el sol, los cuales retumban con la estridencia de los bongós, las trompetas y las cornetas. Es la mayor diversión que puede tener en Cuba por un peso convertible (los cubanos pagan 5 pesos, que equivale a 25 centavos de dólar).

Dominó

Dominó es el juego de barrio por excelencia y, en Cuba, es cosa seria. ¡Tome en consideración a Juana Martín y Martín!, fanática del dominó que, con un doble tres en la mano, perdió un juego y la vida, al mismo tiempo, por un infarto. Su tumba en la necrópolis de Colón tiene encima un enorme doble tres en mármol de Carrara.

No puede caminar por cualquier calle, en cualquier parte, a cualquier hora, sin toparse con una mesa improvisada y sillas destartaladas puestas en la calle o la acera. Dos pares de jugadores estarán enfrentándose, con puros en la mano, una botella de ron a un lado, mientras los séquitos estudian las jugadas. Y si un extranjero se detiene para mirar, es seguro que será invitado.

Foto: Christopher Baker.
Foto: Christopher Baker.

No existe un exuberante tirar de fichas, como en RD o Jamaica. Los cubanos son serenos y medidos cuando ponen sus fichas, y calmadamente tocan la mesa con los nudillos de sus manos cuando tienen que pasar. Entonces…, un jugador exaltado grita “¡Dominó!” con la jugada ganadora. Los perdedores responden con un “¡Coñó!”

“¡Coñó!” Esa es la palabra más importante que debe llegar a dominar en Cuba. Úsela bien a lo cubano –“¡…Ñooo!”, es preferible, y será considerado un cubano por antonomasia.