Revista Diciembre- Enero- Febrero 2020

Chucho Valdés es un hombre imponente, muy alto, corpulento, con unas grandes manos… Si uno, además, conoce su estatura musical y el impacto de su obra en el mundo, es natural sobrecogerse ante su presencia. Sin embargo, lo que separa ese primer impacto y una sensación de comodidad es solo en su primera sonrisa. Chucho tiene una sonrisa cercana, una carcajada fácil, estrepitosa y, a sus 78 años, conserva una mirada de niño curioso.

Nos encontramos en el estudio de fotografía de Osbel Concepción, para hacer la sesión de fotos. Con algo de recelo hablé con Lorena Salcedo, su esposa y representante: los estábamos esperando con un pan cubano y un bacalao, queríamos usar esos dos elementos para la foto de portada y no sabía cómo iban a recibir la idea. Nuestra propuesta era un guiño a “Bacalao con pan”, de los iniciales y más populares temas de Irakere1, y el primero donde la agrupación incluye tambores batá, importante aporte de Chucho y sus músicos al jazz. Un año antes de fundar Irakere, Chucho había experimentado junto a Oscar Valdés, en la percusión afrocubana, y Carlos del Puerto, en el bajo, en el ya trascendental disco Jazz Batá, donde usó los tambores afrocubanos por primera vez.

Para mi sorpresa, la respuesta de Lorena y de Chucho fue: “¡Claro! ¡Qué buena idea! ¿Cómo lo hacemos?”.

Ese hombre sencillo, amable, con un refinado humor cubano, es uno de los músicos de jazz más reconocidos del mundo, acaba de ganar su cuarto Grammy Latino y ahora suma diez Grammy en total. El disco que recibió este último premio es Jazz Batá-2, sobre el cual nos habla en la entrevista que le realizara para OnCuba la destacada musicóloga cubana Rosa Marquetti.

A través de Chucho Valdés, dedicamos este número a la música, la mejor embajadora de la cultura, y especialmente al jazz, puente excepcional entre las culturas cubana y estadounidense. Larguísima es la lista de músicos de ambos países cuyas influencias recíprocas nos han regalado piezas sublimes.

OnCuba celebra ese intercambio y agradece su belleza.

  1. Mítica agrupación que Chucho fundó en el año 1973. Irakere significa vegetación en lengua yoruba.

Revista Septiembre – Octubre – Noviembre 2019

“La Habana es una ciudad hembra”. Ese estribillo de la canción de Alex Cuba, músico cubano que vive en Canadá, no paraba de sonar en mi cabeza mientras concebía esta edición.

Siempre imagino a La Habana como una mujer fecunda, con brazos y piernas abiertas, de donde salimos y entramos todos. Una ciudad que te ruega que la dejes, con la misma violencia que te implora que regreses.

Y cuando hablo de fecundidad no me refiero a que sea la más poblada de Cuba. Con más de 2 millones de habitantes, 3 millones si contamos su población flotante –es la que más personas recibe de otras ciudades de Cuba–, sin embargo su población decrece desde 1996. La reducción del número de nacimientos y el saldo migratorio negativo son las principales causas.

En la Habana hay son, bolero, reguetón, jazz, música clásica, rumba… Se baila guaguancó y casino. Se disfruta la danza contemporánea, el baile español, el ballet clásico. Se juega pelota, dominó, fútbol, baloncesto. Hay católicos, yorubas, ortodoxos rusos, santeros. Yo me crié en La Habana viendo en los cines ciclos de cine ruso, francés, noruego y, en la televisión, lo último de Hollywood. Vi obras clásicas y mucho teatro cubano. En La Habana puedes caminar por las calles y oír comentarios acerca de la situación en Burundi, de la Bolsa, del Amazonas, de física cuántica, de pelota, o del pollo que no vino a la bodega, del papel sanitario que lleva meses sin aparecer.

No puedes identificar a un habanero por el color de su piel, por la textura de su pelo o por sus rasgos físicos. Hay de todo. Gente de piel blanca con pelo afro, gente de piel negra con pelo lacio, chinos mulatos, negros muy negros, blancos muy rubios.

Por eso digo que La Habana es una mujer fecunda de espiritualidad, de creación. Una ciudad de belleza profunda, que hay que aprender a reconocer.

Es una de las más antiguas de las Américas, y cumple 500 años el 16 de noviembre. Si usted está pensando visitarla, olvide la foto clásica de los almendrones. Dispóngase a vivir la intensidad que le propone esta ciudad mujer.

Revista Junio – Julio 2019

Graduado de la Escuela Normal de La Habana, mi abuelo Nano fue profesor de matemáticas de miles de personas. Sospecho que, uno de esos que no se olvidan. Todavía sucede que, cuando digo mi apellido, alguien pregunta si soy familia de Arboleya, el maestro.

Nació en Batabanó, un pueblo pesquero muy humilde, al sur de la capital cubana. El único de sus muchos hermanos que logró estudiar y hacerse de una profesión. Fundó su familia en El Pilar –“barrio caliente” de La Habana–, donde se ganó el respeto de la gente. En la calle le llamaban “Maestro”.

Lo de abuelo era enseñar, así que no lo pensó mucho para, a sus 50 años, irse a alfabetizar a un pueblito intrincado de Pinar del Río; sus hijos de 12 y 13 años hicieron lo mismo. Tenía fama de “recio”, pero también de que, si con él no entendías las matemáticas, podías dar la batalla por perdida.

Hacíamos cada año el mismo “recorrido habanero” mi hermana, mi abuelo y yo. Nos llevaba por el Paseo del Prado, nos sentábamos en un banco, y nos recitaba un poema de Martí (siempre uno distinto). Cada año tenía para nosotras una historia diferente que ubicaba a un joven Martí sentado en aquel banco y, cada año, mi hermana y yo le creíamos. Poco me ha importado saber después que, aunque Martí debe haber andado muchas veces el camino de tierra arbolado que era, en su época, el Paseo del Prado, nunca pudo sentarse en aquel banco. El Paseo que recorríamos, con su hermoso piso central de terrazo, sus bancos de piedra y mármol, sus farolas, y sus laureles, fue inaugurado el 10 de octubre de 1928, treinta y tres años después de la muerte del poeta.

Salíamos del Prado y bajábamos por la calle Empedrado hasta la Plaza de la Catedral. Abuelo iba todo el camino haciendo historias, mezclando lo sublime con lo ridículo, lo mismo hablaba de José de la Luz y Caballero, que de Cecilia Valdés, de Conrado Marrero o de Mongo Tres Chapitas.

Cuando enrumbábamos a la Plaza, antes del esperado almuerzo en El Patio, mi hermana y yo nos preparábamos para el bochorno –que después recordábamos con pícara complicidad–: abuelo se paraba en el centro de la imponente Plaza de la Catedral y nos dedicaba, a todo pulmón, una canción del Benny: Yo no sé/ no sé decirte cómo fue/ no sé explicarme qué pasó/ pero de ti me enamoré…

José Martí: poeta, patriota, cultísimo, espíritu libre y sensible, leal, íntegro, blanco, hijo de españoles, alma de la sed de independencia de los cubanos; Benny: genio musical, autodidacta, bebedor, bailador, buen amigo, compartidor de lo mucho y de lo poco que tuvo, negro, descendiente del rey de una tribu del Congo, honda era su voz.

Abuelo me decía cada año: “vamos, a comer el mejor pan con croqueta de La Habana”, en realidad me estaba enseñando el lugar de donde vengo.

Revista Abril – Mayo 2019

La Habana es una ciudad viva. Pareciera que se prepara para su próxima conquista. Se atrinchera, sufre, huele, respira, grita de alegría y de dolor, goza, se maquilla y se cura. La Habana se gobierna y es ella quien marca el ritmo.

En entrevista a OnCuba, el Historiador de La Habana, Eusebio Leal, definía La Habana como “un estado de ánimo”… Coincido. La Habana del Festival de Cine, en diciembre, es coqueta, farandulera; la del Festival de Ballet: refinada, sutil, de tacones y corbatas; la de la Feria del libro: tumultuosa, calurosa… La Habana en Bienal es una fiesta caminadora y curiosa.

Organizada por el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”, la Bienal de La Habana es uno de los eventos culturales más importantes de la Isla, con un trascendente impacto en las artes visuales contemporáneas de América y del mundo. Su primera edición aconteció en el año 1984. Aunque a partir de la cuarta edición cambió su periodicidad (a trienal), sigue conservando el nombre por el cual se dio a conocer internacionalmente.

Más allá de sus sedes principales –el Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”, Centro Hispanoamericano de la Cultura, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Museo Nacional de Bellas Artes y Universidad de las Artes–, hace varios años la Bienal sobrepasó sus límites físicos y convirtió la ciudad en una gran galería de arte.

El evento ha sido tradicionalmente diseñado a partir de disímiles ejes temáticos que guían la curaduría de cada edición. Tradición y contemporaneidad, El desafío a la colonización, Arte-Sociedad-Reflexión, El individuo y su memoria, Dinámicas de la cultura urbana, Prácticas artísticas e imaginarios sociales, son algunos de sus referentes teóricos. El actual es La construcción de lo posible.

La XIII Bienal de La Habana, se celebra del 12 de abril al 12 de mayo de 2019, con la intención de que la ciudad sea un corredor cultural donde interactúen creadores y público.

Con la participación de artistas de todas partes del mundo, y la inclusión de creadores cubanos de dentro y de fuera de la Isla; sin distinción de expresiones, técnicas o formatos, y cada vez buscando un mayor acercamiento a los habitantes de La Habana y de quienes la visitan, la Bienal es una fiesta para la imaginación y los sentidos, un escenario vivo de lo mejor del arte visual contemporáneo.

Si usted quiere conocer una ciudad fresca, provocativa, desafiante… visite La Habana durante los días de la Bienal.

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Revista Febrero – Marzo 2019

Si usted viaja a Cuba durante el año 2019, le sugiero esté atento a todo cuanto vea, escuche y sienta. No siempre se tiene la oportunidad de visitar un país que se transforma.

Durante el año 2018, con una participación indiscutiblemente masiva, se discutió en la Isla el proyecto para la nueva Constitución de la República de Cuba, que debe someterse a referéndum el 24 de febrero. Una comisión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, máximo órgano legislativo en Cuba, confeccionó el anteproyecto de Constitución, que luego aprobó la Asamblea, para llevarlo a consulta popular entre el 15 de agosto y el 15 de noviembre de 2018.

Según datos oficiales 8 millones 945 mil 521 personas asistieron a las reuniones convocadas para la consulta. El 50.1 % de las propuestas fueron aceptadas, resultando 760 modificaciones. A pesar de algunas críticas al carácter consultivo y no vinculante de la propuesta, y al no establecer normas más claras de la consulta; no caben dudas de que la participación fue masiva y, por primera vez, desde el triunfo de la Revolución en 1959, los emigrados cubanos fueron convocados a opinar también sobre un tema nacional, como el resto de sus coterráneos, aunque no podrán votar en el referéndum.

El proyecto de la nueva Constitución continúa declarando la Isla un Estado Socialista, de Partido único, y donde el presidente es elegido por la Asamblea Nacional. Entre los cambios más importantes cabría destacar que incorpora, por primera vez, el “Estado socialista de Derecho”, propuesta que amplía los derechos y garantías ciudadanos. Acoge una definición de matrimonio más inclusiva; prohíbe la discriminación por identidad de género, origen étnico y discapacidad, y establecen más derechos en el proceso penal. Otro de los cambios significativos es el reconocimiento de la propiedad privada, que ya existía desde hace varios años.

Desde 1976, fecha en que se aprobó la Constitución vigente, reformada en los años 1978, 1992 y 2013, el presidente cubano ha presidido los Consejos de Estado y de Ministros. La nueva propuesta crea las figuras de Presidente de la República (Jefe de Estado), elegido por los diputados de la Asamblea Nacional, y de Primer Ministro (Jefe del Gobierno), designado por la Asamblea a propuesta del presidente. Para todos los cargos de gobierno se establecen, además, hasta dos términos de mandatos, de cinco años cada uno.

De ser aprobada, como todo parece indicar, Cuba comenzará 2019 con una nueva Constitución. Quienes conocemos la sociedad cubana sabemos que el cambio más tangible dependerá de la implementación legal y ejecutiva de los principios establecidos en la Carta Magna, por eso 2019 será otro año de discusiones diversas, intensas y contradictorias, desde dentro y fuera de un país que se transforma.

Revista Diciembre 2018 – Enero 2019

Ahora estoy pensando cómo será el número 100, pero hace poco más de seis años imaginaba la edición 50 de OnCuba.

La primera circuló en marzo de 2012, dos años antes del anuncio de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro (en diciembre de 2014), quienes simultáneamente y después de más de un año de conversaciones secretas, revelaban al mundo el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, diálogo que volvería a complicarse desde que Donald Trump asumió la presidencia de EEUU en 2016.

Con distribución nacional en Estados Unidos, OnCuba Travel es una invitación permanente a visitar Cuba, es un puente, un vínculo entre dos países vecinos, tan próximos y tan distantes… No somos una revista de viajes convencional, porque no lo es el entramado de nuestros pueblos, que han tenido que transitar sinuosos caminos para relacionarse. Tampoco Cuba es un país convencional, y nos gusta encontrarla y mostrarla tal cual es.

Quizá porque llegamos a la edición 50, hemos querido hacer algunos recuentos de nuestra cultura. Les ofrecemos un brevísimo recorrido por la fotografía y el cartel cubanos, y nos aventuramos a hacer un Top 10 con los mejores jugadores cubanos de béisbol de todas las épocas. Recorremos las calles de Santiago de Cuba de la mano del Maestro Leo Brouwer; visitamos el recién remodelado Capitolio de La Habana, develamos algunos secretos de la comida de La Bodeguita del Medio; y Christopher Baker, periodista y fotógrafo estadounidense quien conoce la Isla como la palma de su mano, nos cuenta qué le apasiona de ella.

En particular, es una edición que quisiera dedicar a quienes han trabajado en OnCuba en estos años, al equipo fundador con la diseñadora Laura Díaz, el fotógrafo Alain Gutiérrez, el corrector José Mayoz, el equipo comercial con Yohama Hernández, Natasha Vázquez, Haylenis Fajardo; después los diseñadores Jorge Rodríguez (R10) e Idania del Río y la traductora Rosana Berbeo. Gracias a ellos que han sido parte imprescindible de este camino y gracias al espectacular equipo que hace la revista hoy.

Y también a los lectores de OnCuba, por permitirnos compartir, pensar, disfrutar. Abrimos las páginas de nuestra revista, como si fueran las calles de la Isla. En cada una va, como dijera Eliseo Diego, la invitación a “estarse atentos. A estar […] en lo que Dios nos dio en herencia”. ¡Feliz 2019!

Revista Octubre-Noviembre 2018

Una de las cosas que uno lleva consigo, a dondequiera que vaya, es la cultura culinaria. Y fíjense que uso el término cultura a propósito, porque no se trata solo de los alimentos y su preparación, sino de la manera en que nos relacionamos con la comida y los momentos de comer.

No me gustan las generalizaciones, por eso me cuesta mucho decir, por ejemplo: a los cubanos nos encantan los frijoles negros, porque estoy segura de que habrá algunos, tan cubanos como yo, que no los soporten. Incluso en Cuba –una pequeña isla de tan solo 110 860 km2, o sea, unas 88 veces más pequeña que los Estados Unidos–, no se come igual en todas las regiones.

En mi casa es habitual sentarse a la mesa, sobre todo en la última comida del día, que usualmente hacemos entre las 8 y las 9 de la noche, y nadie puede sentarse sin camisa (regla estricta de mi padre). Los domingos almorzamos juntos, como otras muchas familias cubanas.

En ciertas costumbres coincidimos casi todos los cubanos, como en la de brindar café a la visita; es prácticamente lo primero que hacemos cuando llega alguien a casa, no importa incluso cuán allegados sean, o el tiempo de duración de la visita, a todos les brindamos café.
Al menos a mí, que tengo una memoria emocional que se dispara rápidamente con los olores, el aroma del comino, del café cubano (fuerte, intenso), el de los chicharrones… me hace sentir cerca de casa. Quizá es por eso que, para aplacar la nostalgia, muchos de quienes salen de su país, no solo de Cuba, abren restaurantes de comidas tradicionales.

Creo que para saber de un lugar, para tratar de conocer realmente a su gente, hay que degustar su comida. Desde que se aprobó el “trabajo por cuenta propia en Cuba”, o sea, el desarrollo del sector privado, la restauración ha sido el negocio más popular. Con este boom de “paladares”, como se le llama en la Isla a los restaurantes privados, ha habido también un desarrollo palpable de la gastronomía cubana.

Acerca de la cocina cubana actual, sus retos, su desarrollo, sus peculiaridades, y la relación cultural de los cubanos con la comida, te invito a leer en esta edición de OnCuba Travel.

Revista Agosto – Septiembre

Era el 20 de septiembre de 2009, era La Habana, era La Plaza de La Revolución, eran las 2 de la tarde… Nos habíamos vestido con pulóver blanco, igual que otros miles de personas, y llevábamos horas esperando que empezara el concierto, en aquella Plaza que nunca antes había visto tan llena.

Todas las edades, colores, linajes, lenguajes y procedencias estaban allí, y cuando empezó la música mis hijas se movieron al mismo ritmo que aquel hombre canoso que hacía solo unos minutos parecía que iba a desmayarse, agotado por el calor, sentado en el contén; y yo me movía y cantaba la misma canción que la señora, que antes me había parecido tan circunspecta, tan blancamente vestida, luchando por no mancharse el atuendo, pendiente de eso todo el tiempo, hasta que sonaron aquellos acordes. ¡Qué cosa rara!, pensé yo, por unos minutos algo teníamos en común.

Luego de dos horas, habían desfilado: Juanes, Olga Tañón, Los Orishas, Silvio Rodríguez, Luis Eduardo Aute, Miguel Bosé, Síntesis… y otros. A dos horas de concierto, con el calor de septiembre entre aquella multitud inefable, poco le quedaba de blanco a cualquiera, y los pies no resistían. Se hizo un silencio, y mis hijas me rogaron que nos fuéramos ya, sus 9 años no soportaban más. Avanzamos unos pasos, se oyó una voz y después un “tumbao” inconfundible. Las dos pararon en seco y se voltearon. Yo, pensando que habían reconocido la orquesta les pregunté: “¿a qué suena?”, “a Cuba, eso suena a Cuba”, me dijo una de ellas en medio de la euforia de los miles que se voltearon y brincaron igual que nosotras cuando empezaron a tocar Los Van Van: “Dale con el corazón, muévete, muévete”.

No paramos de bailar hasta que todos aquellos músicos (de aquí y de allá) terminaron cantando el “Chan Chan” de Compay Segundo y los Versos sencillos de José Martí, al estilo Van Van, junto a miles. Algunos no tenían la más mínima idea de lo que bailaban y tarareaban, pero bailaban sin parar.

“¡Por una sola familia cubana!”, fue lo último que alcancé a oír.

* El Concierto Paz sin fronteras, organizado por Juanes en La Habana el 20 se septiembre de 2009 reunió a 1 150 000 personas, la mitad de la población habanera en aquel momento. Es considerado el tercer concierto más grande de la historia, después de dos celebrados en Rio de Janeiro, el primero de los Rolling Stones y el segundo de Rod Stewart.

Revista Junio – Julio

Cuando las personas visitan Cuba quedan impresionadas por sus hermosísimas playas, lomas, ríos, fondos marinos espectaculares, los atributos arquitectónicos de sus ciudades coloniales y sí, claro, los carros viejos y la mística “exótica” de vivir en revolución, pero, sin dudas, lo extraordinario de Cuba es su gente.

Detrás, en el medio, en el costado, sobre, sosteniendo todo eso… está la gente, con sus vidas, sus alegrías, sus amores, sus miserias, su ritmo, sus dolores, sus miedos, sus certezas.

No creo que seamos, los cubanos, unos seres “especiales”. Compartimos mucho del espíritu caribeño, de las tradiciones y el alma española, de la esencia africana. No somos tampoco una masa compacta: todos los cubanos no saben bailar, a todos no les gusta el ron, no todos juegan dominó ni hablan gritando, no somos todos negros, blancos o mulatos y, aunque tengamos el Parlamento más “unánime” del mundo, no hay nada más difícil que poner de acuerdo a dos cubanos.

Pero es cierto que, cuando se visita Cuba, se percibe algo especial. Muchos dicen que es la manera que tiene la gente de “compartir” lo mucho o lo poco que haya; otros: que los cubanos saben reír y gozar (también sabemos llorar y sufrir); otros hablan de la familiaridad que trasmiten y de la cultura y la preparación que no esperaban encontrar.

Yo aún no sé lo que es, pero algo maravilla a quienes visitan Cuba e interactúan con los cubanos. Nadie queda indiferente.

Hay algo más allá de los gobiernos, de las ideologías, de la burocracia de la vida. Sin recato, sin dudas, yo los invito a que visiten Cuba con los ojos abiertos. Dispuestos a conmoverse, a escuchar, a observar, a sentir.

Revista Abril – Mayo

Las comidas de cada pueblo dicen mucho de su gente. Los cubanos tenemos una relación compleja y central con la comida. Nuestras vidas se desarrollan alrededor de las comidas, por el duro bregar que durante muchos años ha implicado conseguir las provisiones. Dar de comer cada día a la familia ha despertado una imaginación que roza con la magia, muchas veces con la locura. Sin embargo, no faltan los alimentos en nuestras fiestas, cumpleaños, celebraciones y en todos los ratos de placer; muchas veces la comida es el eje central, o el pretexto. Compartimos nuestra comida como el tesoro más preciado y, por poco que haya, si llegas a la casa de un amigo cubano a la hora de la cena (aunque no hayas sido invitado), él compartirá contigo lo que tenga, solo tendrá que “echarle agua a la sopa”.

De comida cubana hablamos en esta edición de OnCuba Travel.

Cuando pienso en el tema recuerdo inmediatamente los frijoles negros de mi abuela Elena. Ella vivía en el campo, más o menos a 40 minutos de La Habana. Mis padres, mi hermana y yo viajábamos a verla los domingos; yo iba todo el camino pensando en el plato de frijoles negros que invariablemente me esperaría. ¡Los mejores frijoles negros del mundo!

Para acompañarlos, podía haber cerdo, o pollo, y si “la cosa” estaba muy mala: huevo. Cuando se puso “verdaderamente mala”, solo arroz, pero nunca faltaron aquellos frijoles que no dejaron de oler a laurel, comino y ají cachucha.

El mejor de los postres era el casco de guayaba con un queso blanco, que ella misma hacía. Mi abuelo tenía una pequeña finca con dos o tres vacas que solo debían ser usadas para producir leche, así que abuela hacía todo lo que pudiese: queso blanco, mantequilla, y… ¡dulce de leche!

La comida está tan ligada a nuestros recuerdos, que los cubanos le dedicamos una buena parte de nuestras conversaciones. Dice mi padre que debemos ser los únicos seres del planeta que, mientras comemos, hablamos de la próxima cena.

Hoy la comida cubana es variada. No comes lo mismo en los hogares que en los restaurantes, ni en la ciudad que en los campos, ni en el oriente, el centro o el occidente del país. La comida gourmet y la criolla ocupan espacios especiales en los cientos de paladares desperdigados por toda la Isla… Los olores y los sabores comienzan a ser distintos.

Para mí, todavía, cada domingo que se respete tiene que oler a frijoles negros con comino.